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Si nunca olvidas una cara y la reconoces mejor que la IA, ahora los científicos han descubierto cómo hacerlo (y por qué no todos pueden hacerlo)

Hay quienes olvidan la cara de su vecino al cabo de una semana… y luego están ellos: los súper reconocedores, personas que memorizan una cara incluso después de un encuentro rápido. No se trata de magia, ni de memoria genial: es una habilidad real, estudiada y mensurable.

Un nuevo estudio australiano ha descubierto algo interesante: los superreconocedores. Se ven mejor. Su mirada, desde el primer momento, se dirige directamente a los rasgos más reconocibles de un rostro: no el clásico “donde todos miran”, sino lo que realmente hace única a una persona.

Cómo miran los superreconocedores una cara (y por qué no podemos imitarlos)

James Dunn, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, lo dijo claramente: este no es un talento que se aprende siguiendo un tutorial online. Es una forma automática de procesar la información visual, que ya parte de la retina.

Para comprender exactamente “lo que ven”, los investigadores del estudio, publicado en Actas de la Royal Society B., utilizaron un sistema de seguimiento ocular: analizaron los movimientos oculares de un grupo de superreconocedores y de personas con capacidades normales mientras observaban varios rostros.

Luego transformaron esos movimientos oculares en “mapas visuales” reales y los alimentaron a un algoritmo de inteligencia artificial. La IA reconocía rostros mucho mejor cuando recibía datos de superreconocedores. Una señal de que su mirada recoge información más útil y específica.

Es como si, instintivamente, supieran siempre hacia dónde mirar para entender quién está frente a ellos.

Un superpoder humano, pero mucho más común en la naturaleza de lo que pensamos

A pesar del aura de misterio, este talento probablemente tenga bases genéticas y puede tener raíces evolutivas. Otros primates también utilizan el reconocimiento facial como clave social fundamental, por lo que no es una peculiaridad puramente humana: es una habilidad que nos ayuda a navegar en las relaciones.

¿Y para los que siempre confunden a todos? La ciencia dice que no podemos convertirnos en superreconocedores “a voluntad”, pero sí podemos aprender a observar mejor, reducir el ritmo y prestarnos un poco más de atención a las personas que conocemos. A veces eso también funciona.