Todos sabemos que el aire que respiramos no es precisamente el mejor. Pero el nuevo estudio del Politécnico de Milán nos presenta un hecho que deja poco lugar a la imaginación: existe un vínculo directo entre la contaminación y los paros cardíacos, y no es un eslabón débil en absoluto.
La cuestión no es sólo la calidad del aire en general, sino lo que sucede en los días pico, cuando los niveles de smog aumentan. Y aquí es donde el corazón, literalmente, parece pagar el precio más alto.
Cuando el aire está contaminado, el corazón acelera los riesgos
El estudio, publicado en Desafíos globalesanalizó 37.613 paros cardíacos extrahospitalarios registrados en Lombardía entre 2016 y 2019. Para cada caso, los investigadores cruzaron los datos clínicos con las concentraciones diarias de diversos contaminantes: PM₂.₅, PM₁₀, NO₂, ozono y monóxido de carbono, utilizando también mediciones satelitales del programa europeo Copernicus.
Y el resultado es simple, aunque no muy reconfortante:
No es necesario exceder los límites legales. Por supuesto, incluso por debajo del umbral los efectos están ahí.
Las zonas urbanas muestran el vínculo más fuerte, pero el campo no es en modo alguno inmune. Y en los meses cálidos –cuando el intenso calor se suma a la contaminación– la situación empeora aún más.
Amruta Umakant Mahakalkar, investigadora del Departamento de Electrónica, Información y Bioingeniería, explica la dinámica:
Observamos una fuerte asociación con el NO₂… y los efectos se ven en cuatro días.
No es un problema “del futuro”. Es hoy y es inmediato.
¿Los servicios de emergencia? Es posible que no estén preparados
Según Enrico Caiani, profesor de la Politécnica y coautor, no se trata sólo de números:
Durante los picos de contaminación, los servicios de salud deberían esperar más llamadas.
Significa que la contaminación no es sólo un factor ambiental: es un factor de salud grave.
La región más industrializada de Italia vive desde hace años una mezcla peligrosa: densidad de población, tráfico, estufas domésticas, inviernos mal ventilados. El resultado es un cóctel que la Organización Mundial de la Salud considera uno de los principales factores de riesgo ambiental para muchas enfermedades no transmisibles.
Del problema a la solución
Precisamente de este escenario nació CLIMA-CARE, un proyecto financiado por la ESA, liderado por el Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y con la participación del Grupo de Observación de la Tierra (GEO) dependiente de la OMM.
El objetivo es ambicioso: comprender cómo afectarán el clima y la contaminación a la salud pública, hoy y en las próximas décadas, y dotar a los servicios de emergencia de herramientas de previsión para gestionar las solicitudes en periodos críticos.
Como explica Lorenzo Gianquintieri, investigador de la Politécnica:
El proyecto nos ayudará a observar el impacto del cambio climático a escala poblacional, desde la perspectiva de One-Health.
En definitiva, el medio ambiente, los seres humanos y los animales no son compartimentos estancos. Respiran el mismo aire, experimentan las mismas consecuencias.