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Una sola noche entre los árboles es suficiente para reducir el estrés: la investigación totalmente italiana que sorprende

A veces nos decimos: “Una noche de fiesta, lejos del caos, sería suficiente”. Y casi parece un pensamiento reconfortante, uno de esos remedios que suenan bien pero que no sabemos si realmente funcionan. Esta vez, sin embargo, hay un estudio italiano que lo confirma claramente: una sola noche en la naturaleza puede mejorar el bienestar mental.

La investigación, titulada “El hombre y la naturaleza: los efectos de la naturaleza en el bienestar”, nació de la colaboración entre Friland y los departamentos de psicología de la Universidad de Trento y Padua. En él participaron más de 200 participantes y recopiló más de 6.000 horas de experiencias en minicasas inmersas en el paisaje natural, lejos del tráfico y de las notificaciones.

Los estudiosos midieron los efectos antes y después de la estancia, observando tres aspectos fundamentales: cómo cambia el bienestar percibido, cuánto se reduce la sensación de burnout y cómo aumenta la regeneratividad, es decir, esa cualidad de los lugares que nos hace volver a sentirnos presentes, cargados, despiertos.

El resultado tiene un peso científico importante: el bienestar aumenta un 16%, el burnout se reduce un 8% y la regeneratividad alcanza un 7,87 sobre 10, valores muy superiores a los encontrados en los espacios verdes habituales de las ciudades. Todo esto después de sólo una noche.

¿Por qué mejoramos tan rápido?

La coordinadora de la investigación, la doctora Martina Vacondio, lo explica sin rodeos: los entornos naturales tienen un efecto regenerador real y mensurable, y los datos estadísticos lo confirman. Para muchos participantes fue casi un “descanso mental” que les permitió recuperarse a sí mismos.

Según Luca Ricchi, director general de Friland, esta experiencia ayuda porque nos devuelve a un hábitat que se parece más a nosotros de lo que pensamos: un ritmo más lento, un paisaje que no pide nada y una sensación de apertura que se pierde fácilmente en las ciudades. Muchos huéspedes dicen exactamente esto: un retorno a una calma natural, casi instintiva.

Luego hay un efecto secundario interesante: quienes experimentan momentos regenerativos tienden a adoptar comportamientos más sostenibles. Es como si el bienestar experimentado de forma espontánea condujera a una actitud más respetuosa con el medio ambiente. Una pequeña señal de cuánto la conexión con la naturaleza puede cambiar no sólo cómo nos sentimos, sino también cómo experimentamos el mundo que nos rodea.

Esta nueva investigación encaja en una tendencia ya conocida. En Japón, desde los años 80, el Shinrin-Yoku –el famoso “baño de bosque”– se utiliza como práctica para reducir el estrés y la presión arterial. Y los estudios más recientes, desde la Universidad de Utah hasta Exeter, siguen confirmando que el tiempo y la naturaleza mejoran la creatividad, el estado de ánimo y los niveles de ansiedad.

La diferencia del trabajo realizado en Italia está toda aquí: . La idea que se desprende de estos datos es sencilla e intuitiva: para sentirnos mejor no necesitamos experiencias extremas ni largos viajes, sino el contacto real con la naturaleza. Un cielo abierto, un bosque silencioso, una pequeña casa inmersa en el paisaje: elementos capaces de restablecer el equilibrio en poco tiempo.

Es casi una invitación amable pero concreta a darnos más a menudo esos pequeños retornos a la pobreza que son más beneficiosos de lo que imaginamos.