El veredicto del campo de Boston reescribe la geografía del fútbol internacional y condena a Alemania a otro fracaso más en su historia reciente. En el partido válido por los dieciseisavos de final del Mundial, la selección alemana cede el paso a Paraguay tras una agotadora batalla resuelta en los penaltis. A pesar de un claro dominio territorial de la Mannschaft, que culminó con una posesión estéril del balón del 79% en la primera parte, los sudamericanos marcaron en el minuto 42 gracias a un cabezazo de Julio Enciso tras un saque de esquina.
En la segunda parte, el empate de Kai Havertz reequilibró el partido, que continuó ileso más allá de la prórroga también gracias a un gol anulado a Jonathan Tah por el VAR por una falta del portero. Desde los penaltis, el error decisivo de Tah y la conversión final de Marcelo Canale sellaron el 4-3 definitivo. Para los alemanes es la tercera exclusión sensacional consecutiva antes de los octavos de final; para los hombres de Gustavo Alfaro un logro histórico realmente inesperado. Ahora su viaje continúa y se abren las puertas del partido contra el ganador del Francia-Suecia.
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Orlando Gill: del sufrimiento personal a la gloria mundial
El protagonista absoluto de la hazaña de las Barras y las Estrellas es Orlando Gill, lateral de 26 años del San Lorenzo de Almagro. El gigante de 199 cm, nacido delantero y luego movido entre los postes por un entrenador juvenil, vivió una juventud marcada por enormes dificultades económicas. Hace cuatro años, para cubrir los gastos médicos de su hijo recién nacido, Lautaro Daniel, tras algunos problemas de salud, se vio obligado a poner a la venta zapatos, ropa y hasta la camiseta que lució en la selección Sudamericana Sub 20 de 2019. Ese sufrimiento, del que fue testigo a través de las redes sociales su esposa Melissa, se transformó en pura energía en el césped de Boston, donde el portero hipnotizó a los tiradores contrarios.
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La respuesta en el campo a las críticas de Chilavert
La majestuosa actuación en la tanda de penales adquiere un sabor aún más dulce para el número uno paraguayo, que acabó en la mira de la leyenda José Chilavert. El ex portero lo había tildado públicamente de “mudo” por no querer gritar en el campo, pero las respuestas de Gill llegaron con hechos.
Certificado por la FIFA como mejor portero de la fase de grupos con 17 paradas en total, el jugador sublimó su torneo bloqueando los penaltis de Havertz y Nick Woltemade. Tras el pitido final, el héroe de la jornada quiso dedicar la meta a su sobrino actualmente hospitalizado, cerrando un círculo hecho de lágrimas, sacrificios y redención social. Paraguay, excluido de los últimos tres mundiales, vuelve a soñar con los cuartos de final de 2010.
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