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Soy nutricionista y te cuento por qué debes echarle una pizca de sal a tu sandía este verano

Añadir una pizca de sal a la sandía podría verse como una absoluta herejía gastronómica, pero según el Dr. Raffaele Scarabelli, nutricionista que regularmente desmiente las creencias alimentarias más arraigadas en las redes sociales, este es precisamente el truco para transformar la fruta simbólica del verano en un verdadero aliado de la hidratación.

Pérdida de sodio

El punto de partida es un hecho que todos conocemos por experiencia directa: cuando hace calor sudamos, y con el sudor no sólo perdemos agua, también perdemos sodio, uno de los minerales que regulan el equilibrio de líquidos en el cuerpo. La sandía, compuesta por más del 90% de agua, está casi completamente exenta de agua y comerla tal cual, explica Scarabelli, equivaldría a beber mucha agua de una sola vez, situación que acabaría diluyendo aún más las sales minerales en la sangre, en lugar de reponerlas. La solución que propone pasa por añadir una pizca de sal a la rebanada, sobre todo en los días en los que se suda mucho, ya sea por el intenso calor, una larga caminata o una sesión de entrenamiento. Al hacerlo, podremos reponer inmediatamente el sodio perdido y rehidratarnos seriamente. Si crees que el sabor podría verse afectado, no te preocupes, porque la sal realza los sabores (también se pone en la masa para los postres) así que no tengas miedo, ¡pruébalo!

Lo que dice la ciencia sobre el sodio y la rehidratación

La intuición de Scarabelli se confirma en la literatura científica sobre la hidratación por esfuerzo físico y calor. Una investigación publicada en el Journal of Applied Physiology observó que agregar sodio a una bebida rehidratante, así como consumir una comida que contenga sodio, aumenta la retención de líquidos y mejora la restauración del volumen plasmático, en comparación con el agua sola. En la práctica: beber (o comer) algo rico en agua pero bajo en sodio hace que el cuerpo elimine esos líquidos más rápidamente a través de la orina, en lugar de retenerlos donde son necesarios. El mecanismo también lo confirman revisiones más recientes sobre nutrición deportiva, según las cuales una mayor ingesta de sodio, generalmente obtenida aumentando la concentración de sodio en la bebida, se traduce en una mayor retención de un volumen fijo de líquidos después del ejercicio físico que provoca una deshidratación considerable.

Os dejamos con el vídeo del Dr. Scarabelli:

 

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