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Ortorexia nerviosa: cuando comer sano empieza a quitarnos libertad y se convierte en una jaula

Primero el pan desaparece. Luego los lácteos, el gluten, las grasas y cualquier ingrediente que no haya pasado una prueba de pureza basada en etiquetas, vídeos y consejos que se encuentran online. Una cena con amigos se complica, el incumplimiento de la norma trae ansiedad o vergüenza y elegir qué comer lleva horas. Una reseña publicada en MÁS uno analizó 31 estudios sobre la relación entre las redes sociales y los síntomas de la ortorexia nerviosa: las asociaciones están ahí, especialmente cuando se trata de contenidos sobre dieta y fitness, plataformas visuales y tiempos de uso más prolongados. Sin embargo, todavía faltan pruebas de que es el pienso el que causa el problema.

Casi toda la investigación revisada fue observacional. Fotografian comportamientos que aparecen juntos, sin determinar cuál ocurrió primero. Una persona que ya es vulnerable puede buscar normas alimentarias cada vez más estrictas; el algoritmo, con mucha diligencia, sigue sirviéndole más.

El feed añade reglas a quienes ya tienen demasiadas

Los contenidos dedicados a la nutrición “limpia”, la aptitud física y el control del cuerpo aparecen con mayor frecuencia en la revisión. Los factores asociados con los síntomas ortoréxicos también incluyen la insatisfacción corporal y la escasa alfabetización sanitaria, es decir, una mayor dificultad para evaluar la fiabilidad de la información y los consejos sanitarios.

El mecanismo hipotético es circular. Quienes temen a determinados alimentos buscan tranquilidad en Internet, encuentran recetas, prohibiciones y clasificaciones siempre nuevas y acaban reforzando esos mismos miedos. Las imágenes tienen un peso particular: platos impecables, cuerpos seleccionados e ingredientes divididos entre puros y contaminados transforman fácilmente una elección alimentaria en un juicio moral.

El estudio, sin embargo, tiene limitaciones importantes. Las muestras, las herramientas de medición y las definiciones cambian mucho de una investigación a otra. Gran parte del trabajo también concierne a los adultos y a las poblaciones occidentales u occidentalizadas. Por tanto, los resultados describen a las personas estudiadas, sin autorizar diagnósticos colectivos de adolescentes, mujeres o usuarios de redes sociales en general.

Cuando haces dieta te comes el resto

La ortorexia nerviosa indica una preocupación patológica por una dieta considerada saludable, correcta o pura. El problema no se mide por la cantidad de verduras en el plato. Se puede reconocer por el tiempo que se quita al día, por la ansiedad que provocan las comidas y por la rigidez con la que se admiten o rechazan los alimentos.

Hasta 2022, 47 expertos en nutrición y trastornos alimentarios de 14 países han llegado a un consenso sobre la definición y los posibles criterios de diagnóstico. Entre los signos descritos se encuentran la planificación obsesiva de las comidas, el control continuo de los ingredientes, el miedo a la contaminación, el sentimiento de culpa tras haber violado una norma y una autoevaluación ligada a la capacidad de comer de la forma considerada correcta.

Una dieta vegetariana, leer las etiquetas o eliminar un alimento por consejo médico no son suficientes para hablar de ortorexia. El umbral se cruza cuando esas opciones se vuelven inflexibles y comprometen la salud, las relaciones, el estudio o el trabajo. Kale puede seguir durmiendo tranquilamente.

Las consecuencias pueden ser muy reales. La eliminación progresiva de grasas, hidratos de carbono, lácteos, gluten o categorías enteras de alimentos sin necesidad clínica puede reducir la energía y la variedad de la dieta, favoreciendo la pérdida de peso y las deficiencias nutricionales. A nivel social, comer algo preparado por otros se vuelve difícil, se evitan las invitaciones y la comida deja de ser un momento cotidiano para convertirse en un procedimiento de control.

Un diagnóstico aún debatido

Ortorexia nerviosa en el DSM-5-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría ni en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud. La investigación aún debate si se trata de una afección distinta, una manifestación del espectro de los trastornos alimentarios o un conjunto de síntomas que pueden superponerse con otros problemas.

En comparación con la anorexia nerviosa, la atención se describe principalmente como dirigida a la calidad y presunta salubridad de los alimentos, más que al peso y la forma del cuerpo. En la práctica, los límites pueden difuminarse. También pueden aparecer perfeccionismo, ansiedad y rasgos obsesivo-compulsivos, sin que ninguno de estos elementos sea suficiente por sí solo para definir un diagnóstico.

Las estimaciones de difusión también fluctúan mucho. Una revisión de la literatura sobre herramientas de diagnóstico ha demostrado cuánto dependen los resultados del cuestionario utilizado. Algunas pruebas corren el riesgo de clasificar la simple atención a la nutrición como patológica. Una revisión posterior confirmó la ausencia de un método compartido y suficientemente sólido. El cuestionario en línea puede generar dudas; asignar una etiqueta es otro trabajo.

Qué hacer cuando la comida ocupa demasiado espacio

Aún no existe una terapia específica respaldada por ensayos clínicos sólidos. La literatura indica un abordaje multidisciplinario, con evaluación médica y nutricional, apoyo psicológico, recuperación de la flexibilidad dietética y tratamiento de los trastornos asociados.

Pedir ayuda se vuelve apropiado cuando las normas siguen aumentando, las comidas provocan ansiedad, aparece el cansancio o la pérdida de peso y la vida social comienza a reducirse. Comer sano puede proteger el cuerpo. Cuando para ello hay que renunciar a los amigos, a la serenidad y a la mitad del supermercado, la promesa de salud ya ha pasado una factura bastante elevada.