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Si notas estos 5 comportamientos, cambia de terapeuta inmediatamente

En el proceso de psicoterapia individual, uno de los elementos más decisivos para el éxito del tratamiento no es sólo la competencia del profesional, sino la calidad de la relación terapéutica, también conocida como alianza terapéutica. Numerosos estudios lo confirman, incluido un importante estudio realizado por Horvath, Re, Flückiger y Symonds (2011), publicado en el volumen Relaciones de psicoterapia que funcionan. Los autores analizaron un gran conjunto de datos empíricos, demostrando que la alianza entre paciente y terapeuta es uno de los principales predictores de la eficacia de la psicoterapia.

Esta relación va mucho más allá de la simpatía personal: es un acuerdo compartido sobre los objetivos de la terapia, una colaboración activa en las tareas terapéuticas y un vínculo emocional basado en la confianza y el respeto. Cuando alguno de estos elementos falta, es muy probable que los resultados de la terapia se vean afectados. Si te ves en esta situación, puede que sea el momento de cambiar de terapeuta.

A continuación presentamos cinco señales claras que le ayudarán a comprender cuándo ha llegado el momento de poner fin a una relación terapéutica que ya no funciona.

Te sientes menospreciado o no escuchado

Un terapeuta que invalida sistemáticamente tus emociones, te hace sentir “exagerado” o te juzga por tus pensamientos socava la base misma de la alianza terapéutica. Como señalan Horvath y colegas (2011), la eficacia de la terapia depende en gran medida de la percepción de aceptación y seguridad del paciente.

La terapia debe ser un espacio seguro, donde incluso los pensamientos más irracionales puedan expresarse sin juzgar. De lo contrario, se genera vergüenza y desconfianza, que impiden el proceso de curación.

No logras ningún progreso después de meses.

Si después de meses de terapia sientes que siempre estás atrapado en el mismo lugar o incluso empeorando, no ignores esta señal. El estudio de Horvath et al. (2011) destaca cómo una mala alianza terapéutica está estrechamente asociada con resultados menos efectivos, independientemente de la técnica utilizada.

Aunque el compromiso personal es fundamental, si el vínculo con el terapeuta es frágil, faltan objetivos compartidos o no te sientes comprendido, es difícil que se produzcan mejoras concretas.

Te sientes juzgado en lugar de comprendido

Durante un viaje terapéutico, es normal volver a caer en viejos patrones de comportamiento. Si su terapeuta reacciona críticamente o lo hace sentir inadecuado, la relación corre el riesgo de volverse tóxica.

Como surgió de la investigación de Horvath y sus colegas, la confianza en el terapeuta es esencial para mantener la motivación para el cambio. Sin empatía, es difícil sentirse libre para explorar tus fragilidades.

El terapeuta no se especializa en tu trastorno.

Cada trastorno psicológico requiere un tratamiento específico. Si, por ejemplo, sufres TOC, es fundamental que tu terapeuta tenga formación específica en este ámbito. Un enfoque genérico no sólo puede resultar ineficaz, sino incluso contraproducente.

El estudio de Horvath et al. sugiere que, para fortalecer la alianza terapéutica, es crucial que el paciente perciba al terapeuta como competente y capaz de comprender su situación específica. De lo contrario, la intervención corre el riesgo de volverse superficial y estéril.

El terapeuta habla demasiado de sí mismo.

Un terapeuta que comparte excesivamente sus experiencias personales durante la sesión corre el riesgo de desviar la atención hacia sí mismo, rompiendo el equilibrio de la relación. Incluso en este caso se compromete el acuerdo implícito que hace efectiva la terapia: aquel según el cual el paciente es el centro del proceso terapéutico.

Como lo demuestran Horvath et al. (2011), para obtener resultados concretos es fundamental que el terapeuta mantenga una postura relacional centrada en el paciente, capaz de promover la apertura, la confianza y la colaboración. Si se le niega este espacio, es hora de cambiar.

Un buen terapeuta puede ser reconocido por la relación, no sólo por el CV

El trabajo terapéutico es tanto una relación humana como una técnica clínica. Si la alianza terapéutica es frágil, ineficaz o comprometida por juicios, malentendidos o falta de empatía, no sólo es difícil progresar, sino que también corre el riesgo de empeorar. El estudio de Horvath et al. (2011) lo confirma: la relación terapéutica es el corazón de la psicoterapia. Escucha a tu cuerpo, confía en tus instintos y no temas poner fin a una relación terapéutica que no es buena para ti.