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Hongos alucinógenos, qué le sucede al cerebro durante y después de un mes de tomarlos (aunque sea una sola dosis)

La psilocibina está emergiendo lentamente del ámbito de las curiosidades prohibidas y entrando en el ámbito mucho más severo de la investigación médica. El punto delicado está todo aquí. Cuando se habla de setas psicodélicas, el riesgo de caer en una historia fácil es muy alto: la sustancia “que cambia el cerebro”, la experiencia “que abre la mente”, la promesa terapéutica asumida y transformada en eslogan de bar. Afortunadamente, la investigación avanza a un ritmo más lento. Mida, compare, espere, vea qué queda después de que termine el efecto más notable.

Un nuevo estudio publicado en Nature Communications siguió a 28 adultos sanos, todos sin experiencia previa con psilocibina u otros psicodélicos. Los investigadores observaron lo que sucedía en sus cerebros antes, durante y un mes después de tomarlo. Primero una dosis mínima, 1 miligramo, lo suficientemente baja como para funcionar como control. Luego una dosis de 25 miligramos, capaz de producir una verdadera experiencia psicodélica, siempre en un contexto experimental y controlado.

El trabajo fue realizado por un equipo de investigación de la Universidad de California en San Francisco y el Imperial College de Londres. Entre los coordinadores se encuentra Robin Carhart-Harris, uno de los nombres más conocidos en los estudios sobre psicodélicos y su posible uso en entornos clínicos. La pregunta inicial era aparentemente simple: ¿por qué una sola sesión de psilocibina, en algunos estudios clínicos, parece estar asociada con mejoras prolongadas en personas con depresión, ansiedad o adicciones?

¿Qué sucede durante la experiencia?

Durante la administración, los voluntarios usaron auriculares EEG para registrar la actividad eléctrica del cerebro. Aproximadamente una hora después de la dosis de 25 miligramos, las señales cerebrales se volvieron más complejas. Los investigadores hablan de entropía cerebral, un término técnico que indica una mayor variedad en los patrones de actividad del cerebro.

En la práctica, la actividad cerebral parecía menos rígida, menos pegada a sus ritmos habituales. Las ondas alfa, uno de los principales ritmos reguladores del cerebro, se han debilitado. El cerebro parecía más “abierto”, más variable, menos sincronizado en sus trayectorias habituales. El pico llegó alrededor de las dos horas, justo cuando la experiencia subjetiva era más intensa.

Casi todos los participantes describieron ese momento como uno de los estados de conciencia más inusuales que jamás hayan experimentado. Veintisiete de veintiocho lo señalaron como el más especial de sus vidas; el último todavía lo colocó entre los cinco primeros. Es subjetivo, por supuesto, pero nos dice bien sobre la fuerza de la experiencia y ayuda a conectarla con las mediciones registradas en el cerebro.

La pista después de un mes.

La parte más interesante del estudio viene a continuación. Un mes después de la alta dosis de psilocibina, los escáneres cerebrales mostraron cambios en las conexiones de la materia blanca entre la corteza prefrontal y algunas áreas más profundas del cerebro. Son circuitos importantes, involucrados en el pensamiento, la regulación emocional y los procesos de toma de decisiones.

Las imágenes observaron cómo se mueve el agua a lo largo de las fibras nerviosas. En esos tramos el movimiento parecía reducido respecto al punto de partida, como si las fibras estuvieran más compactas y organizadas. Los autores hablan de una señal compatible con cambios estructurales, un hallazgo particularmente relevante porque se observó en personas sanas y en quienes experimentaron su primera experiencia psicodélica.

Estudios anteriores ya han sugerido que los psicodélicos pueden promover algunos procesos relacionados con la plasticidad cerebral, como la formación de nuevas conexiones entre las células nerviosas. Ver una señal de este tipo en el cerebro humano, después de una sola dosis, añade una pieza importante. Sin embargo, hay que leerlo con cautela. La muestra es pequeña, los participantes estaban sanos y el seguimiento fue de hasta un mes. Se necesitarán estudios más amplios para comprender cuánto dura realmente este cambio y qué importancia clínica tiene.

Más flexibilidad mental

Además de las imágenes cerebrales, los investigadores también recopilaron datos psicológicos. Los voluntarios informaron de una mayor sensación de insight, es decir, la percepción de verse a sí mismos, sus patrones y algunos automatismos internos con mayor claridad. Los controles se realizaron al día siguiente de la sesión, después de dos semanas y luego al mes.

Las puntuaciones de bienestar aumentaron en dos semanas y se mantuvieron más altas en el siguiente seguimiento. Una prueba cognitiva también mostró una mayor flexibilidad mental: los participantes pudieron adaptarse más rápidamente cuando, durante una tarea, las reglas cambiaban repentinamente.

La secuencia observada es interesante. Aquellos que mostraron el mayor aumento en la entropía cerebral durante la experiencia también informaron de una percepción más profunda al día siguiente. Esa información, a su vez, pareció vincularse con una mejora del bienestar al mes. La psilocibina, en este estudio, parece pues actuar en varios pasos: primero modifica temporalmente la actividad cerebral, luego puede favorecer una lectura diferente de uno mismo y finalmente deja una huella en la forma en que la persona informa de su bienestar.

Porque se necesita precaución

La comparación con estudios sobre la depresión ayuda a poner orden. En participantes sanos, los cambios duraderos en la coordinación de las redes cerebrales fueron más sutiles que los observados en personas con depresión. Tiene sentido: un cerebro que ya está cerca del equilibrio funcional ofrece menos espacio para cambios visibles que un cerebro atrapado en patrones más rígidos y dolorosos.

Sin embargo, esto hace que sea aún más importante evitar la lectura entusiasta. La psilocibina se estudia como una posible herramienta terapéutica, dentro de caminos clínicos estructurados, con preparación, supervisión e integración de experiencias. La sustancia por sí sola cuenta sólo una parte de la historia. Lo que importa es el contexto, la dosis, la seguridad, la selección de los participantes, el apoyo psicológico antes y después.

El bricolaje sigue siendo un territorio riesgoso. Una sustancia capaz de modificar la percepción, el estado de ánimo y la actividad cerebral de forma tan profunda puede tener efectos impredecibles, especialmente en personas vulnerables, con trastornos psiquiátricos, familiares concretos o contextos emocionales frágiles. La investigación clínica trabaja precisamente para entender cuándo, cómo y para quién puede tener sentido un tratamiento de este tipo.

En el futuro, monitorear la entropía cerebral podría ayudar a los médicos a comprender en tiempo real si una sesión produce el estado mental asociado con una respuesta positiva. También se podrían ajustar con mayor precisión elementos como el entorno, la música y el acompañamiento terapéutico. Parece poco romántico, en comparación con el cuento psicodélico más colorido. Esto es exactamente lo que necesitas cuando se trata de salud.