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“Nunca es sólo un dibujo, el arte puede ayudarnos a sentir”: Antonio Federico Arte habla de su Humanidad Ilustrada

Hay un hilo invisible que nos une a todos, un rasgo sutil que recorre las emociones, los silencios y las miradas. Es ese hilo que Humanidad ilustrada logra hacerlo visible, con pocos signos y una profundidad que llega directo al corazón.

Detrás de cada dibujo, detrás de cada línea aparentemente simple, hay un mensaje poderoso: redescubrir lo que nos hace humanos. En un mundo acelerado, donde las emociones se enrarecen cada vez más y la empatía parece un lujo, el arte nos invita a detenernos, a respirar, a sentir de verdad.

Son ellos, las ilustraciones de Antonio Federico Arte, para hablarnos de fragilidad y amor, de dolor, de aceptación y de renacimiento. Cuentan la parte más auténtica de nosotros, esa que muchas veces olvidamos escuchar. No se necesitan palabras complejas: un signo, un gesto, un rasgo es suficiente para recordarnos que todos somos parte de un panorama más amplio: el de la vida misma, que nos une no sólo a otros seres humanos, sino también a los animales y al planeta.

En esta entrevista, el artista nos adentra en el corazón de su obra, donde el arte se convierte en un lenguaje universal y el gesto creativo se transforma en un acto de amor hacia la humanidad y la Tierra.

El proyecto “L’Umanità Illustrata” tuvo un impacto poderoso e inmediato. ¿Cómo nació?

En realidad, todo surgió de forma muy natural. No creo que haya un momento preciso en el que nació “Umanità Illustrata”: creo que siempre ha estado dentro de mí, en mi deseo de comunicar lo que sentía. De niña fui muy cerrada e introvertida, los momentos difíciles me habían quitado la sonrisa, el dibujo era mi forma de ponerme en contacto con los demás. Dibujaba con bolígrafo sobre servilletas y hojas de papel sueltas, no podía buscar papel cuando la necesidad de comunicarme era tan inmediata.

Luego, con el tiempo, esta necesidad se convirtió en un lenguaje. Comencé a publicar los bocetos que hacía en las redes sociales. Así, de forma espontánea, “Umanità Illustrata” tomó forma: no como un proyecto planeado, sino como algo que siempre había tenido dentro de mí.

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Tus ilustraciones logran transmitir temas profundos con una simplicidad cautivadora. ¿Por qué, en su opinión, las artes visuales tienen ese poder inmediato de “despertar” las conciencias?

Creo firmemente en el poder del signo, en su inmediatez. Siempre he estudiado la línea, busco un signo que pueda abarcarlo todo, que pueda decir algo grande en unos pocos gestos.

Recuerdo cuando llegué a Roma por primera vez: estaba fascinado por el metro. Allí, entre rostros y miradas de todo tipo, sentí que cada persona tenía una historia que contar. Me encanta observar todo y me gusta escuchar a las personas, no me cuesta mucho entenderlas. Muchas veces damos por sentado muchas cosas, necesitamos valorar nuestras individualidades.

Muchas de tus obras hablan de bullying, diversidad, amor y fragilidad humana. Si tuvieras que elegir un mensaje urgente para transmitir hoy, ¿cuál sería y por qué?

Yo diría: despojémonos de todo lo que nos rodea y volvamos a la esencia. Buscamos la autenticidad del ser humano.

Somos criaturas inteligentes, parte de la creación, y debemos usar esta inteligencia para hacer el bien, no para aislarnos o destruirnos. Creo profundamente en el espíritu y el alma, estamos conectados con todo lo que existe. Somos parte de ello.

El mensaje que quisiera transmitir es el de encontrarnos a nosotros mismos, la verdadera paz está dentro de cada uno de nosotros. Todos estamos conectados. Sólo redescubriendo nuestra humanidad podremos volver realmente a vivir en armonía.

Tus dibujos se han vuelto virales en momentos delicados de actualidad. ¿Cómo vives esta responsabilidad de dar “forma visual” a emociones colectivas tan fuertes?

Sí, es cierto, mis dibujos nacen muchas veces en momentos difíciles, pero también es en los momentos difíciles donde más aprendemos: todo lo que no nos destruye, nos moldea.

El dolor es un amo silencioso. Nos pone a prueba, pero al mismo tiempo nos devuelve la conciencia de lo que realmente importa.

Cuando todo va bien vivimos sin pensar demasiado; Sin embargo, cuando algo se rompe, nos damos cuenta del valor de las cosas simples: respirar, caminar, tener a alguien a nuestro lado.

No creo que el dolor sea para hacernos sufrir, sino para hacernos “sentir” de nuevo. Es una forma de despertar: nos devuelve a nuestra esencia más humana. Muchos de mis dibujos se han vuelto virales en momentos delicados, y cada vez me doy cuenta de la gran responsabilidad que llevo. Creo que esta capacidad mía de llegar lejos debería utilizarse para propósitos importantes. Es un regalo, y como todo regalo hay que utilizarlo con compromiso.

Lo veo como una misión: transformar la emoción en conciencia, dar voz a lo que muchas veces no podemos decir con palabras. Me gusta creer que cada uno de mis dibujos puede ser una pequeña semilla, algo que te haga pensar, que toque el corazón, que despierte empatía. Es esta conciencia la que me empuja a seguir adelante, con gratitud y respeto por lo que hago.

Nunca es sólo un dibujo.

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En GreenMe hablamos de respeto todos los días: por las personas, por el medio ambiente y por la vida. ¿En qué medida crees que el arte puede ayudar a cultivar la empatía no sólo entre las personas, sino también hacia el planeta?

Creo que el arte puede enseñar “sentimiento”. La empatía no es sólo entre humanos, sino hacia toda forma de vida. El arte, con su poder visual y simbólico, puede ayudarnos a reconocer la conexión que tenemos con el mundo, con otras criaturas, con el universo mismo.

Somos parte de un todo, y sólo comprendiendo esto podremos aprender verdaderamente a respetar. El arte, después de todo, es una herramienta para despertar esta conciencia latente.

¿Hay algún tema que más te toque, en relación a los cambios sociales y culturales que estamos viviendo? ¿O un momento más significativo que te impulsó a seguir adelante en tu viaje?

Cada cambio social me afecta. Lo que más me afecta hoy es la atrofia de las emociones. Cada vez veo más gente que no siente, que no se sonroja, que ya no se avergüenza, que no se deja tocar por nada. Gente fría, acostumbrada a retenerlo todo.

Esto es lo que más me asusta: la pérdida de la capacidad de sentir.

Creo que la tarea más bella que puede tener una imagen es precisamente la de emocionar, de hacer vibrar algo dentro de quien la mira.

Cuando uno de mis dibujos logra hacer sentir cercanos a millones de personas desconocidas, unidas por un mismo sentimiento, siento que el arte ha cumplido su propósito más elevado. Porque la emoción es lo que nos hace humanos y nunca debemos permitir que desaparezca.

Dibujar me ayuda a mantenerme conectado con lo que importa: la verdad de las emociones. Cada vez que alguien me escribe diciéndome que uno de mis dibujos le hizo pensar o moverse, siento que voy en la dirección correcta. Esto es lo que me impulsa a continuar.

Si el arte puede verse como un espejo de la sociedad, ¿cómo imagina la evolución de la humanidad en el futuro?

Me gusta pensar que, a pesar de todo, la humanidad podrá encontrarse a sí misma. Quizás todavía tengamos que pasar por momentos difíciles, pero creo que el hombre tiene una luz en su interior que nunca se apaga.

El arte es el espejo de esta luz: refleja nuestra fragilidad, pero también nuestra capacidad de renacer. Imagino un futuro en el que la humanidad podrá redescubrir su esencia, su conexión con la vida. Un futuro más consciente, más empático, más verdadero, más HUMANO.