Hay una especia que, más que ninguna otra, puede evocar galletas recién horneadas, humeantes infusiones y tardes de noviembre. Es canela, un aroma cálido que, además de hacer que los dulces sean irresistibles, también es bueno para el cerebro.
Varios estudios científicos han demostrado que la canela puede mejorar la memoria, la concentración y las funciones cognitivas, gracias a sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antiamiloides, capaces de proteger las células nerviosas y reducir el riesgo de deterioro cognitivo. En otras palabras: no sólo un alimento reconfortante, sino también un pequeño aliado para la mente.
Al igual que la canela, ayuda a combatir las bacterias y las infecciones por hongos.
Además de estimular el cerebro, la canela actúa como un antibacteriano natural. Las investigaciones han destacado su eficacia para bloquear el crecimiento de bacterias como E. coli y Candida, a menudo responsables de infecciones urinarias o fúngicas. El mérito es del cinamaldehído, el compuesto activo que le da a la especia su aroma característico y sus poderosas propiedades antimicrobianas. En el laboratorio, la canela incluso ha potenciado la eficacia de algunos antibióticos tradicionales.
Además, contiene hierro, calcio, fibra y manganeso, nutrientes que completan su perfil saludable. Una cucharadita en bebidas calientes o postres puede ser un pequeño gesto de bienestar diario.
Demasiada canela puede ser mala para ti
Sin embargo, antes de transformar tu cocina en un horno de canela, es necesario hacer una aclaración importante. La especia contiene cumarina, una sustancia natural que, en dosis elevadas, puede resultar tóxica para el hígado. Las variedades más comunes en los supermercados (casia o canela china) tienen niveles más altos de cumarina, mientras que la canela de Ceilán, también llamada “canela verdadera”, contiene cantidades mucho más bajas.
Por eso, si lo usas a diario, elige siempre el de Ceilán: cuesta más, pero es más seguro. La Administración Estadounidense de Medicamentos y Alimentos (FDA), de hecho, ha prohibido el uso de cumarina como aditivo alimentario, aunque permite su presencia en trazas naturales en la canela.
Otros efectos secundarios que no deben subestimarse
El uso excesivo de canela puede provocar otros efectos secundarios además del daño hepático. En particular, un consumo elevado puede reducir demasiado los niveles de azúcar en sangre, especialmente en quienes ya toman medicamentos hipoglucemiantes.
En algunas personas también puede provocar trastornos gastrointestinales, como náuseas o acidez de estómago, y favorecer la aparición de aftas o irritación bucal, debido a la alta concentración de aceites esenciales irritantes. Para evitarlo, es suficiente y, en caso de molestias, dejar de tomarlo inmediatamente.
Algunos estudios han señalado que la canela puede ayudar a regular los niveles de azúcar en sangre y mejorar la sensibilidad a la insulina, al tiempo que reduce el colesterol y los triglicéridos. Por lo tanto, para quienes padecen diabetes tipo 2, puede ser una especia útil para integrar, con prudencia, en la dieta diaria, de forma natural, sin sustituir las terapias prescritas por el médico.
Úsalo inteligentemente
Una pizca de crema de avena, una pizca de capuchino o un toque de galletas caseras: no hace falta mucho para beneficiarse de la canela, siempre que se evite el abuso. Como ocurre con todo, el equilibrio es la auténtica clave del bienestar, incluso cuando se trata de especias. Si quieres un consejo, elige canela orgánica y certificada, procedente de cadenas de suministro sostenibles: es buena para tu salud y también para el planeta.