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¿El frío te enferma? No, eso es lo que realmente causa los resfriados.

La creencia de que el frío puede provocar enfermedades está arraigada en la tradición popular, pero hoy la ciencia desmiente este mito. En una época en la que las temperaturas descienden por debajo del punto de congelación y la nieve cubre las calles, a muchos les preocupa que los niños puedan enfermarse simplemente por salir al aire libre. Pero la realidad, como confirman los expertos y los estudios, es muy distinta.

El frío no es la causa de los resfriados.

Los dolores de garganta, la secreción nasal, los resfriados y las enfermedades respiratorias son causados ​​por virus, no por el resfriado. Aunque mucha gente cree que las bajas temperaturas pueden debilitar el sistema inmunológico, la evidencia científica no respalda esta teoría. Diversas investigaciones, como la realizada por la Facultad de Medicina de Harvard, han destacado que los resfriados y la gripe son transmitidos principalmente por virus como el rinovirus, que se propaga fácilmente en ambientes cerrados, abarrotados y mal ventilados.

El hecho de que los virus sean más activos durante la estación fría depende de una causa mucho más simple: en invierno pasamos más tiempo en interiores, compartiendo espacios con otras personas. Esto favorece la transmisión aérea de patógenos, que se transmiten principalmente a través de gotitas de saliva o por contacto con superficies contaminadas. Un artículo publicado por la Escuela de Medicina de Harvard aclaró que, aunque el frío puede influir en nuestra respuesta inmune, no es la causa directa de los resfriados

La defensa de nuestro cuerpo contra los virus.

El sistema inmunológico humano está continuamente ocupado luchando contra la invasión de virus y bacterias. Cuando un virus ingresa al cuerpo, comienza a replicarse e invadir las células. Síntomas comunes como la tos o el dolor de garganta son el resultado de esta “batalla” entre el virus y las defensas inmunitarias de nuestro organismo. Aunque el resfriado pueda parecer un desencadenante, la verdadera causa de la infección es la presencia de un virus.

Según un estudio de la Universidad de Yale, el frío podría, como mucho, debilitar temporalmente algunas respuestas inmunitarias, pero no sería directamente responsable de los resfriados.

Los efectos del frío en el sistema inmunológico se han estudiado ampliamente: la temperatura más baja en el tracto respiratorio reduce la eficacia del sistema inmunológico para responder al virus del resfriado, pero esto no implica que el frío por sí solo pueda causar enfermedades.

El entorno cerrado: el verdadero enemigo

Si bien el clima frío no causa resfriados, pasar demasiado tiempo en interiores, donde los virus se propagan más fácilmente, es un factor de riesgo. Durante el invierno, con el uso de la calefacción, el aire de nuestros hogares se vuelve seco, lo que debilita las mucosas nasales, volviendo el cuerpo más vulnerable a los patógenos. La mucosa nasal seca no es capaz de realizar eficazmente su función barrera frente a los virus, favoreciendo su entrada en el organismo.

Por el contrario, mantener a los niños al aire libre durante los meses más fríos, siempre que estén vestidos adecuadamente, no sólo no los enfermaría, sino que les ayudaría a desarrollar un sistema inmunológico más fuerte. La clave, de hecho, no es temer al frío, sino prestar atención a los ambientes en los que pasas más tiempo. Lamentablemente, la calefacción en casa reduce la humedad del aire, y este factor contribuye a la sequedad de las mucosas nasales, que son esenciales para detener los virus.

Frío extremo: riesgos y precauciones

Eso sí, en situaciones extremas, el frío puede resultar peligroso. La exposición prolongada a temperaturas demasiado bajas sin la protección adecuada podría provocar congelación de las extremidades y, en los casos más graves, hipotermia. La temperatura corporal descendería por debajo de los 35°C, provocando congelación, una condición médica que requiere intervención inmediata.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, las temperaturas invernales en nuestras ciudades no alcanzan niveles que causen daños físicos importantes, si se toma la precaución de usar ropa adecuada y proteger las partes más vulnerables del cuerpo.

El ejemplo de los países nórdicos

En muchos países del norte de Europa, sería común ver a los recién nacidos durmiendo al aire libre incluso con temperaturas bajo cero. Estos países, notoriamente acostumbrados a inviernos duros, no temen al frío, al contrario, lo consideran beneficioso para la salud de los más pequeños. De hecho, el aire fresco estimularía el sistema inmunológico y favorecería un sueño reparador. El modelo nórdico nos ofrece un claro ejemplo de cómo el frío, si se aborda de la forma adecuada, puede formar parte de un estilo de vida saludable.

La lección es clara: no hay que temer al frío moderado, pero es importante protegerse cuando las condiciones se vuelven extremas.

En resumen, no es el frío lo que nos enferma. Las enfermedades respiratorias son causadas por virus y bacterias, y el frío como mucho podría tener un efecto indirecto, reduciendo la eficacia de las defensas inmunitarias. Pasar tiempo al aire libre, incluso en invierno, sería una excelente manera de mantenerse saludable, siempre que use la ropa adecuada y evite ambientes cerrados y abarrotados.

Como sugieren los expertos, si te encuentras en condiciones de frío intenso, la precaución es siempre cubrirte bien, pero no temas dar un paseo al aire libre. Y recuerda, ni siquiera los países más fríos del mundo renuncian al contacto con la naturaleza, porque saben que es buena para el cuerpo y la mente.