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Apio nabo, una verdura olvidada: todo sobre el apio nabo (y un uso ingenioso para cocinarlo en lugar de patatas)

El apio nabo, conocido en algunas regiones italianas como sedarina o apio de Verona, es una de las hortalizas más subestimadas de la tradición agrícola de nuestro país. Parte de un grupo de cultivares de la especie. Apium graveolens – apio común- tiene la típica raíz globosa, grumosa, de aspecto poco atractivo, que contiene una pulpa blanca y crujiente de sabor delicado y sorprendentes posibilidades culinarias.

La sedarina es una verdura perteneciente a la familia de las apiáceas y se distingue claramente del clásico apio. La parte comestible es la raíz, que puede alcanzar dimensiones considerables y pesar entre 500 gramos y un kilogramo. La piel externa, marrón y rugosa, protege un interior blanco de aroma intenso, con notas que recuerdan al apio tradicional pero con matices más suaves que evocan a la avellana.

Historia y difusión de un tesoro olvidado

Los orígenes del apio nabo se pierden con el tiempo. Los antiguos romanos ya la cultivaban, y Homero la menciona en la Odisea con el nombre de Selinon. Durante la Edad Media se utilizó principalmente como planta medicinal, apreciada por su supuesta capacidad para alejar la melancolía. El cultivo de sedarina se ha mantenido vivo sobre todo en las regiones del norte de Italia, en particular en el Véneto y el Friuli, mientras que en el sur es poco conocido.

La progresiva desaparición del apio nabo de las mesas italianas se debe principalmente a las implicaciones económicas ligadas a la producción, ya que la productividad es inferior a la de las hortalizas modernas, el cultivo requiere mucho tiempo y la fragilidad de la raíz dificulta el transporte y la conservación en la gran distribución. Precisamente estas características hacen del apio nabo el candidato ideal para el cultivo nacional y para su valorización como producto típico local.

Cultivo de apio nabo en el huerto familiar.

El cultivo de apio nabo es similar al cultivo de apio, aunque requiere de unos cuidados un poco más específicos. La siembra se realiza entre febrero y mayo, el suelo debe ser profundo, bien drenado y rico en sustancia orgánica, y recordar las necesidades especiales de la raíz, que necesita espacio para desarrollarse sin bifurcarse, por lo que extremar el cuidado al preparar el suelo.

Las plántulas deben colocarse a una distancia de al menos 30 centímetros entre sí, un poco más que el apio tradicional. El riego debe ser constante: la falta de agua endurece la raíz y compromete su textura crujiente, mientras que en cuanto a la posición, lo ideal sería la sombra parcial, especialmente durante los meses más cálidos.

La recolección se realiza en otoño, cuando la raíz alcanza un diámetro de unos diez centímetros, más de 120 días después de la siembra. El apio nabo puede permanecer en el suelo más tiempo que el apio, de hecho las primeras heladas enriquecen su aroma. Podrás conservarlo sin problemas durante semanas, tanto en el frigorífico como en el sótano,

Propiedades y beneficios nutricionales

Desde el punto de vista nutricional, el apio nabo es un concentrado de virtudes. Aporta tan solo 23 calorías por cada 100 gramos y está compuesto en un 88% por agua. El 12% restante incluye hidratos de carbono, proteínas, grasas y sobre todo fibra, fundamental para la regularidad intestinal y la sensación de saciedad.

La verdura es rica en vitamina C, esencial para el sistema inmunológico, vitamina K, importante para la coagulación de la sangre y vitaminas del grupo B. Entre los minerales destacan el hierro, el potasio, el fósforo y el manganeso. La presencia de antioxidantes, incluida la apigenina, ayuda a contrarrestar los procesos inflamatorios y el envejecimiento celular.

Las propiedades diuréticas, desintoxicantes y antiinflamatorias de la sedarina pueden resultar muy útiles en casos de retención de líquidos, reumatismo e insuficiencia hepática, mientras que el alto contenido en fibra ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre.

Recuerde que el apio nabo contiene proteínas potencialmente alergénicas, y cualquier persona que padezca alergia al apio debe evitar su consumo. La verdura también contiene níquel y vitamina K en elevadas cantidades, elementos a tener en cuenta para quienes siguen terapias anticoagulantes o padecen sensibilidad al níquel.

Puré de apio nabo: la brillante alternativa a las patatas

El uso más innovador y apreciado del apio nabo es la preparación de puré, una alternativa ligera y refinada al tradicional puré de patatas. La preparación es sencilla y el resultado realmente excelente, tanto a nivel de cremosidad como de sabor.

Comience limpiando la raíz, quitando la corteza nudosa con un cuchillo afilado o un pelador de patatas. La pulpa se debe cortar en cubos y cocinar en agua con sal o caldo de verduras durante unos 20-30 minutos, hasta que esté lo suficientemente tierna. En este punto, escurrir y triturar con una batidora de mano, añadiendo leche (de vaca o vegetal) y mantequilla según preferencia. Se debe condimentar la mezcla con nuez moscada, sal y pimienta, y cocinar a fuego medio, revolviendo hasta obtener la consistencia que más te satisfaga.

El puré de apio nabo tiene un sabor dulce con notas de hinojo y avellana, mucho más delicado que el puré de patatas, un plato ligero que puedes incluir en tu dieta hipocalórica sin renunciar al placer de una guarnición cremosa.

La versatilidad del apio nabo no se limita al puré. Se puede comer crudo, en rodajas muy finas en una ensalada con manzana y mayonesa según la tradición veronesa, o al horno, gratinado, salteado o incluso transformado en veloutés y sopas.

¡Disfrute de su comida!