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No solo Legami, así los bolígrafos con caras y lindas gomas de borrar llenan nuestra casa de plástico “afectivo”

Bolígrafos con forma de aguacate, gomas de borrar con forma de gato, lápices apilables con caras de panda. Todo en la papelería tiene cara. Y no una “cara” tirada al azar, sino bien estudiada a nivel de marketing para que tengamos la sensación de que nosotros, esas cosas tan coloridas, no podemos prescindir de ellas.

Es el antropomorfismo el que nos engaña: tendemos a sentir empatía por objetos con rasgos humanos o animales, entre dulces ojos entrecerrados y pitufos porta lápices. Esto nos empuja a comprarlos para “adoptarlos”, pero también hace que psicológicamente sea más difícil deshacerse de ellos correctamente, provocando su acumulación en casa.

Si por un lado esta linda estética viene dictada por una verdadera estrategia comercial, por el otro, para nosotros y para el medio ambiente es un arma de doble filo: un montón de cosas inútiles y plásticos difíciles de eliminar.

efecto kawaii

Partiendo de tiempos insospechados, con el mítico hola gatitohasta el éxito mundial de Labubu, todo, cada objeto rosa, peludo, redondo o de ojos pequeños, remite al concepto japonés de “kawaii”. Y no sólo eso, también en ropa y muebles, se trata de kawaiique no se reduce a nuestro simple “lindo”, sino que es mucho, mucho más.

la palabra kawaii Ocupa un lugar central en la cultura japonesa y no tiene una traducción perfectamente comparable en otros idiomas. En inglés se acerca a pielpero su significado es mucho más amplio: se aplica a la ropa, la comida, el entretenimiento, los rasgos físicos y describe algo tierno, frágil, infantil o simplemente adorable. En definitiva, kawaii es esa sensación positiva que surge de la emoción y que a su vez se traduce en una estética hecha de ternura y calma.

No es casualidad que en Japón este lenguaje visual también se utilice en contextos inesperados: en obras de construcción para reducir la tensión, en aerolíneas e incluso en fuerzas policiales, con el objetivo de hacer su imagen más tranquilizadora y accesible.

Pero ¿qué hacemos con el bolígrafo que “nos habla” y con las compras compulsivas que nos inducen a realizar?

@GreenMe

Cuando el lindo diseño nos hace olvidar el impacto ambiental

La verdad es que la estética kawaii – extremadamente popular gracias a marcas como Legami y Tiger – está cambiando nuestra forma de percibir los objetos de consumo, atenuando (si no eliminando por completo) la conciencia de su impacto medioambiental. Si es “lindo”, también parece inofensivo. ¿Pero lo es realmente?

Bolígrafos con forma de aguacate, resaltadores de panda, borradores de gatitos, cuadernos con caras sonrientes. Todo tiene un rostro, una expresión, una “personalidad”. El mensaje implícito es poderoso:

¿El resultado? Los consumidores nos vemos obligados a bajar nuestras defensas críticas, hasta el punto de que el plástico, los materiales mixtos y los envases superfluos pasan a un segundo plano porque el objeto parece lúdico, ligero e incluso “cariñoso”. Aquí es donde entra en juego un verdadero sesgo cognitivo verde: lo que es estéticamente tierno automáticamente nos parece menos dañino.

el diseño kawaii no es neutral. Añadir ojos, sonrisas o formas de animales a un objeto activa un mecanismo emocional preciso: el antropomorfismo. Tendemos a atribuir características humanas o animales a lo que visualmente las recuerda, desarrollando una forma de empatía. Así que un bolígrafo ya no es sólo un bolígrafo, sino “el que tiene forma de cactus”. Un neumático no es un desperdicio, sino “el gatito”. Esto nos empuja a comprar por impulso, porque “es demasiado bonito para dejarlo ahí”, pero también hace que sea más difícil desprendernos de él cuando deja de funcionar.

Desde un punto de vista psicológico, estos objetos no se compran sólo por su función, sino por el “vínculo emocional” que prometen. Es una dinámica similar a la del coleccionismo: acumulamos, conservamos, posponemos la eliminación. La paradoja es evidente: productos a menudo baratos, hechos de plástico y difíciles de reciclar acaban permaneciendo en los cajones durante años o, peor aún, tirados a la basura sin clasificar. La linda estética, en resumen, esconde desperdicio bajo un barniz emocional.

el efecto kawaii No es negativo en sí mismo, ¡cuidado! Lo que sí es cierto es que el diseño siempre ha comunicado emociones y los arquitectos de interiores, por ejemplo, lo saben muy bien. El problema surge cuando la ternura se convierte en una estrategia que anestesia en el verdadero sentido de la palabra pensamiento crítico, empujándonos a comprar más y reflexionar menos sobre los materiales, la durabilidad y el final de vida del producto.

Si realmente queremos hablar de consumo sostenible debemos aprender a mirar más allá de los ojos y preguntarnos: ¿de qué está hecho? ¿Cuánto dura? ¿Y a dónde irá cuando ya no lo use? Porque un objeto puede ser adorable. Pero sigue siendo una posible negativa.