Alcanzar el hito de los cien años ya no es una hazaña reservada a unos pocos afortunados. Por ejemplo, hay aproximadamente 10.000 centenarios viviendo en Estados Unidos y se espera que este número crezca en las próximas décadas. La buena noticia es que la longevidad depende en gran medida de nuestras elecciones diarias, y no sólo de una buena genética básica.
¿Genética o estilo de vida?
La investigación científica ha aclarado un punto fundamental: los factores genéticos afectan sólo al 30-40% de la esperanza de vida, mientras que el 60-70% restante está determinado por los comportamientos y hábitos que adoptamos. Esto significa que tenemos un margen de maniobra considerable para influir en nuestra longevidad.
Para los supercentenarios, aquellos mayores de 110 años, el componente genético cobra más relevancia, pero para la mayoría de nosotros, las prácticas diarias de bienestar son el factor decisivo.
Los cinco hábitos fundamentales
Hablar de longevidad significa centrarse en un envejecimiento saludable: mantener una buena salud física, mental y social a lo largo del tiempo. No basta con vivir mucho tiempo, el objetivo es vivir bien, libre de enfermedades crónicas y discapacidades.
La Comisión Lancet ha identificado 14 factores de riesgo modificables de deterioro cognitivo, capaces de prevenir o retrasar hasta el 45% de los casos de demencia. Entre estos, hay cinco componentes que emergen como pilares del envejecimiento saludable:
La parte positiva es que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para empezar a seguir un estilo de vida saludable, sólo hace falta quererlo.
Los tres indicadores clave de la salud
Hay tres medidas simples pero efectivas para evaluar cómo estamos envejeciendo: fuerza de prensión, velocidad al caminar y equilibrio.
La fuerza de agarre revela la fuerza muscular general y la capacidad física general. Una marcha más lenta y un equilibrio precario, por otro lado, indican una disminución de las funciones físicas y un mayor riesgo de discapacidad.
El equilibrio merece una atención particular: es fundamental para moverse con seguridad y prevenir caídas que podrían comprometer la independencia y la calidad de vida.
Cuándo contactar a un especialista
La geriatría trata de preservar la independencia gestionando la salud física y cognitiva de las personas mayores. El momento adecuado para consultar a un geriatra no depende de tu edad, sino de tu nivel de funcionalidad.
Algunos signos requieren especial atención: caídas repetidas, dificultad para administrar varios medicamentos al mismo tiempo, presencia de déficits cognitivos o problemas físicos que limitan las actividades diarias. Incluso un ingreso hospitalario reciente puede ser una oportunidad para una evaluación geriátrica.
Reconocer las primeras señales de alerta
Distinguir el envejecimiento normal de los signos preocupantes puede resultar difícil, porque a medida que envejecemos es normal que tardemos más en recuperar información de la memoria, aunque deberíamos poder adaptarnos a estos cambios.
Los familiares deben estar atentos a dificultades para seguir conversaciones, olvidos de citas o conversaciones recientes, problemas para pagar facturas o tomar medicamentos correctamente. Incluso abandonar aficiones e intereses puede ser una señal que no debe subestimarse.
Cuando su memoria, juicio o comportamiento comienza a afectar negativamente su vida diaria, es hora de hablar con su médico. Una evaluación cognitiva puede aclarar la situación a través de una serie de pruebas que comprueban la memoria, la atención, el lenguaje y las habilidades de razonamiento.
Envejecer bien significa construir un sistema de apoyo a lo largo del tiempo que preserve nuestras funciones físicas y cognitivas, permitiéndonos vivir una vida larga, saludable y satisfactoria.