Para rendir homenaje a la Rosa, la espléndida reina del jardín, queremos compartir contigo esta receta en la que ella es la protagonista: Rosolio, un licor que se obtiene de la maceración de pétalos de rosa.
Veamos de qué se trata. Rosolio es un licor tradicional con una historia fascinante que se remonta al Reino de las Dos Sicilias. Su nombre deriva del latín “ros-solis”, que literalmente significa “rocío del sol”, referencia poética que recuerda su delicadeza y preciosidad.
Orígenes
Nacido como licor ceremonial, Rosolio se servía en ocasiones especiales como bodas, compromisos y celebraciones importantes. También se consideraba un símbolo de buena suerte. Debido a su moderado contenido alcohólico (entre 20% y 35% vol.), era especialmente apreciado por las damas de la alta sociedad, hasta el punto de que se ganó el sobrenombre de “licor de damas”.
Existen variaciones de la receta con cítricos, café, anís, chocolate, menta, hierbas aromáticas, mora negra y canela. En fitoterapia se aprovechan sus propiedades digestivas y aperitivas, por lo que es excelente no sólo al final de la comida sino también antes de ella, para estimular el apetito. Pero ahora aquí tenéis la receta:
Ingredientes
Procedimiento:
Limpia con cuidado los pétalos de rosa utilizando papel de cocina húmedo, intentando no mojarlo demasiado para no dañar los pétalos. Ponlos en una batidora junto con 50 g. de azúcar y pulsa de forma intermitente para no calentar demasiado la mezcla hasta alcanzar una consistencia homogénea. Transfiere todo a un recipiente hermético y agrega el alcohol, ahora déjalo reposar diez días en un lugar fresco y agita el recipiente de vez en cuando. Pasado este tiempo filtrar la infusión obtenida. Mezclar los 300 ml de agua con los 250 g. del azúcar restante y poner el almíbar resultante al fuego durante unos dos minutos. Déjalo enfriar y cuando alcance temperatura ambiente mézclalo con la infusión de alcohol y pétalos para luego verterlo en una o más botellas, según su capacidad. Antes de consumirlo como aperitivo o digestivo, dejar reposar la mezcla durante treinta días, para obtener un licor de aroma intenso y con mucho cuerpo.
No hace falta decir que para hacer esta receta debes utilizar únicamente pétalos de rosa orgánicos, no tratados químicamente. Ah, si lo prefieres, como alternativa a la batidora puedes utilizar un mortero y triturar los pétalos con un mortero.
Consejos para servir: ¿cómo servirlo?
El Rose Rosolio se disfruta mejor frío, a unos 10°C, servido en una pequeña copa de licor que concentra sus aromas y realza su color. En la mesa acompaña de maravilla con postres de almendras y repostería tradicional, pero también sorprende en combinación con quesos azules, donde su dulzor floral equilibra las notas más intensas y picantes.
Cómo elegir rosas
No todas las rosas son aptas para la preparación del Rosolio: las mejores variedades son las antiguas y más fragantes, como la centifolia, la damascena y la gallica, que ofrecen pétalos ricos en aceites esenciales. El momento ideal para la cosecha es temprano en la mañana, cuando la flor acaba de abrirse y el rocío ha amplificado los aromas. Una prueba sencilla para evaluar su calidad: frota suavemente un pétalo entre tus dedos; si el aroma que desprende es intenso y persistente, estás en el camino correcto.
¿Cómo almacenar rosolio?
Una vez listo, Rosolio se puede conservar durante aproximadamente un año, siempre que se guarde en botellas de vidrio oscuro, que protegen el licor de la acción de la luz. El lugar ideal es un sótano o en todo caso un lugar fresco, seco y alejado de fuentes de calor. Con el tiempo, el sabor tiende a redondearse aún más, dando un perfil aromático aún más suave y complejo.
Una nota sobre el color
Uno de los aspectos más delicados de Rose Rosolio se refiere a su color: ese elegante rosa antiguo, lamentablemente, tiende a desvanecerse con el tiempo, víctima de la oxidación. Para conservarlo, algunos preparadores añaden unas gotas de jugo de limón, que actúa como antioxidante natural, o una pequeña cantidad de jugo de remolacha para iluminar el color. No son trucos indispensables, sino pequeñas medidas que marcan la diferencia a la hora de presentar el licor en toda su belleza.