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¿Sabes cuánto cuesta una dieta sana y sostenible? Esto es lo que gasta al mes (y la gran brecha entre el Norte y el Sur)

El carrito se vuelve más ligero justo cuando la conversación sobre comer bien se vuelve cada vez más seria. Frutas, verduras, cereales, legumbres, pescado, alimentos frescos: sobre el papel, la alimentación saludable sigue siendo el modelo más citado, más recomendado y más evocado. Sin embargo, en la caja se muestra como una cifra precisa. Y esa cifra, en Italia, cambia mucho según dónde vivas, la época del año e incluso tu edad. En algunos casos supera los 200 euros al mes.

Un estudio publicado en la revista científica da medida a esta brecha Calidad y cantidad y firmado por Stefano Marchetti de la Universidad de Pisa junto con Ilaria Benedetti de la Universidad de Tuscia, Haoran Yang de la Universidad de Pisa y Mathias Silva Vázquez de la Universidad de Roma Tor Vergata. El trabajo analizó el coste de cestas de alimentos saludables y sostenibles, efectivamente construidas sobre el modelo de la dieta mediterránea, distinguiendo cinco grupos: hombres adultos, mujeres adultas, adolescentes, niños pequeños y ancianos.

La investigación abarca el período comprendido entre agosto de 2021 y marzo de 2024 y se basa en 326.721 encuestas de precios relativas a 167 productos alimenticios distribuidos en 107 provincias italianas. Los datos proceden del Observatorio de Precios y Tarifas del Ministerio de Empresa y Made in Italy. El panorama que emerge tiene una concreción casi brutal: el acceso económico a una dieta saludable sigue geografías muy diferentes y se mueve con un ritmo estacional que pesa sobre las familias.

Entre primavera y verano la factura sube a casi todo el mundo

La carga más pesada sigue siendo la de los hombres adultos. En los meses de primavera y verano supera constantemente los 200 euros, partiendo de niveles más bajos en 2021 y llegando, en los meses de otoño-invierno, a unos 150-160 euros hacia el final del período observado. Durante el período de tres años, el aumento global ronda el 20%.

Para las mujeres adultas el movimiento sigue una trayectoria similar. El coste medio mensual pasa de unos 175 euros a unos 208 euros en los meses cálidos, mientras que en los meses fríos sube de unos 130 euros a unos 156 euros. También en este caso el crecimiento global para el trienio se mantiene cerca del 19-20%.

Los mayores se sitúan en un rango intermedio, con valores que van aumentando poco a poco hasta rondar los 160-170 euros en los meses cálidos y los 120 euros en los fríos. También para ellos, el aumento general se mantiene en torno al 20%, una señal de que la presión sobre los precios se distribuye ampliamente, sin exceptuar a las edades más avanzadas.

Para los adolescentes, el coste medio oscila entre unos 109 euros y unos 131 euros en los meses de primavera-verano y entre unos 65 euros y unos 78 euros en otoño e invierno. El crecimiento durante el período considerado es de poco más del 20%.

El grupo de niños pequeños, sin embargo, muestra la excepción más interesante de todo el estudio. Aquí la cesta oscila entre los 49 y los 62 euros en los meses cálidos y entre los 65 y 79 euros en los meses fríos. El incremento global oscila entre el 20% y el 25% y es el único caso en el que el coste es mayor en invierno que en verano. Es un detalle que inmediatamente llama la atención: el calendario de precios no afecta a todos de la misma manera ni siquiera con la misma lógica.

En el Norte las canastas medias y máximas se mueven más

El estudio también destaca una diferencia estructural a lo largo de la península. Las provincias del norte registran mayores precios promedio y precios máximos de canasta. En el Sur, sin embargo, a menudo surgen precios mínimos más altos. Es una distinción menos intuitiva de lo que parece y explica bien cómo la cuestión de la accesibilidad va más allá de la simple idea de “dónde cuesta más”.

Según Stefano Marchetti, una posible explicación reside en la menor presencia del gran comercio minorista en algunas zonas del sur. Cuando la competencia es más débil y las economías de escala son menos intensas, el precio más bajo disponible también tiende a seguir siendo más alto. Traducido a la vida cotidiana, significa que buscar alternativas económicas puede resultar más difícil precisamente en aquellos territorios donde cada margen de gasto pesa más.

El trabajo insiste también en otro aspecto muy concreto: necesitamos herramientas de seguimiento capaces de seguir estas fluctuaciones y necesitamos políticas atentas a los grupos más vulnerables. Porque una alimentación sana sigue siendo formalmente aconsejable para todos, pero su coste real cambia con la edad, con las necesidades calóricas, con la estación y con el territorio. Dentro de esta variabilidad se desarrolla una parte importante de la desigualdad alimentaria.

Los datos finales quedan ahí, simples e inconvenientes. Comer bien en Italia cuesta más que ayer, sube en casi todas partes con el verano, supera los 200 euros al mes en algunas cestas y se reparte de forma desigual entre el Norte y el Sur. La dieta mediterránea sigue siendo un referente cultural muy fuerte. La billetera, en cambio, pide cada mes tener en cuenta la distancia entre el modelo y la realidad.