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¿Aún no sabes qué hacer en Nochevieja? Quédate en pijama y disfruta del placer inesperado de “JOMO”

Hay un momento preciso, el 31 de diciembre, en el que muchos comprendemos que el problema no es el frío, ni el tráfico, ni el prosecco aguado. Es la idea misma de tener que estar ahí. Como si Nochevieja fuera un episodio obligatorio de una serie que sigues desde hace años sólo porque “a estas alturas tengo que saber cómo termina”.

La Nochevieja de hoy es una prueba atlética. Hay que organizarse, elegir, responder mensajes, fingir entusiasmo. Necesitas tener un plan, un grupo, una historia lista para contar al día siguiente. Es un poco como cuando éramos pequeños cuando nos decían “diviértete” y, mágicamente, dejó de ser divertido.

Y mientras por fuera todo grita “¡celebrad!”, por dentro hay un pensamiento mucho menos escandaloso de lo que parece: ¿Y si nos quedáramos en casa? No por tristeza. No por falta de alternativas. Sino porque, simplemente, ya lo hemos dado. Nos hemos quedado sin tokens sociales, como en un videojuego antiguo de los 90, esos sin posibilidad de guardar.

JOMO de año nuevo

Ese sentimiento tiene un nombre que parece sacado de una presentación de PowerPoint, pero es sorprendentemente real: JOMO, Joy of Missing Out. El placer de perderse algo. No participar. De no estar ahí mientras “todos los demás” hacen cosas que, cuando lo piensas, no se te escapan para nada.

JOMO no es aislamiento. Es más como cuando dejas de ver una serie que todos ellos aman y te sientes inexplicablemente mejor. O cuando cierras un chat grupal y tu cuerpo reacciona antes que tu cabeza, como si de repente alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

Así funciona en Nochevieja. Sin ropa en la que pensar, sin lugar al que llegar como si fuera Mordornada de brindis sincronizados, solo coordinarse para salir de casa es un milagro. Solo tú, el tiempo deteniéndose y esa extraña sensación de no tener que demostrar nada. Ni siquiera a vosotros mismos.

La víspera de Año Nuevo es la fiesta de máxima expectación. El comienzo del año “como es debido”, signifique lo que eso signifique. Balances, buenas intenciones, fotos con las copas levantadas como si todos estuviéramos muy convencidos. JOMO llega en silencio y dice una cosa simple: puedes empezar el año incluso en pijama. Spoiler: el 1 de enero llegará de todos modos. Nadie toca el timbre para sermonearte.

Quedarse en casa, bajar las luces, elegir el silencio o una presencia selecta no es una rendición social. Es claridad. Es entender que no todas las noches tienen por qué ser épicas. Algunos simplemente necesitan ser honestos. Como esos en los que ves una película que ya has visto y ya sabes cómo termina, pero está bien.

La ciencia lo confirma

Y no, no es sólo un sentimiento que hay que contar como una confesión vergonzosa. La investigación psicológica también ha comenzado a tomarlo en serio. Un estudio reciente sobre la alegría de perderse algo demostró que esta actitud funciona como el gentil antagonista de FoMO, esa vocecita insistente que te dice que, en algún lugar, sin ti, algo increíble está sucediendo. Algo así como cuando no vas a una fiesta y al día siguiente descubres que fue aburrida. Sólo que esta vez ya lo sabes.

La investigación, dividida en dos estudios separados y realizada con muestras grandes, muestra cómo JOMO se asocia con niveles más altos de bienestar psicológico, atención plena y autocompasión, así como con una relación más saludable y menos compulsiva con las redes sociales. En particular, surge un hecho interesante: JOMO parece actuar como un factor protector en comparación con FoMO, el miedo a ser excluido, a menudo alimentado por una confrontación continua y una presencia forzada en línea.

Según los investigadores, la capacidad de aceptar conscientemente la desconexión –e incluso disfrutarla– promueve una mayor estabilidad emocional. Esto no es aislamiento, sino una forma de regulación interna: elegir no estar allí reduce la ansiedad por el desempeño social y fortalece la percepción de control sobre el tiempo y la energía propios. En la práctica: menos comparaciones, menos miedo a quedarse atrás, más capacidad de permanecer donde estás sin pensar que siempre hay algo mejor en otro lado.

El JOMO de Año Nuevo se trata de límites. No de cierre, sino de elección. No de rechazo a los demás, sino de respeto a uno mismo. Es decir “esta noche no” sin sentirte personajes secundarios de tu propia vida. Es dejar de vivir cada ausencia como si fuera una falta.

Vivimos en una sociedad que siempre empuja hacia el exterior, hacia el ruido, hacia la presencialidad obligatoria y por eso mismo permanecer fuera puede convertirse en una forma de volver a uno mismo. Sin proclamas, sin buenas intenciones a gritos, sin la presión de empezar el año “bien”, como si hubiera un jurado invisible.

Porque el camino correcto, al final, es el que. Y si esto significa ver una película que ya has visto, brindar cuando sucede e irte a dormir sin cuenta atrás, está bien. De lo contrario. Quizás sea sólo esto: un Año Nuevo sin expectativas. Lo cual, considerando todo, es el mejor regalo.