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Disonancia cognitiva y sesgo de confirmación: porque solo elegimos las noticias que nos dan razón

¿Por qué, frente a los mismos datos, algunas personas eligen creerlo y otras los rechazan? Es un fenómeno que se repite en muchos contextos: desde el cambio climático hasta el covid, hasta el conflicto de Gaza. Se moviliza una parte de la población, apoya las causas humanitarias o sigue las indicaciones de la ciencia. Otra parte minimiza, cuestiona o interpreta los hechos como propaganda.

La psicología social explica estas divisiones con dos conceptos centrales: disonancia cognitiva y sesgo de confirmación.

Cuando los valores entran en conflicto con los hechos: disonancia cognitiva

Muchas personas declaran valores universales: protección ambiental, defensa de la salud pública, respeto por los derechos humanos. Pero cuando surgen noticias que parecen contradecirlos (relaciones científicas en el clima, datos epidemiológicos, imágenes de masacres civiles, nace un conflicto interno.

Por un lado, están los valores: “Estos principios son fundamentales”. Por otro lado están los hechos: “Veo que no son respetados”. Esta tensión genera disonancia cognitiva, una incomodidad que todos intentan reducir.

¿Como? Algunos reaccionan con empatía y solidaridad, otros eligen el camino de negación o minimización. En ambos casos, no se trata de “malicia” o “ingenuidad”, sino de estrategias psicológicas comunes para reducir la incomodidad.

Sesgo de confirmación: cómo elegimos las noticias que nos dan razón

Para fortalecer esta división, interviene el sesgo de confirmación, estudiado sistemáticamente por Kanders y sus colegas en una investigación publicada en Elegante (2022).

El estudio mostró que los humanos no están buscando información para reducir la incertidumbre, sino para fortalecer sus creencias iniciales. Los investigadores han demostrado que cuando ya hemos tomado una decisión, tendemos a probar más evidencia a favor de esa elección en lugar de en contra. Cuanto más estamos seguros de nuestra opinión, más se intensifica el fenómeno.

En otras palabras, incluso cuando nos encontramos frente a los datos objetivos, nos llevan a filtrar la realidad para confirmar lo que ya pensamos. No es un mecanismo que concierne a “otros”, sino una característica común para todos nosotros.

El fenómeno es claro si observamos tres casos cercanos a todos nosotros.

Sobre el cambio climático, aquellos que creen se basan en los estudios científicos del IPCC y respalda la necesidad de reducir las emisiones para contener el calentamiento global. Aquellos que niegan, por otro lado, prefieren fuentes que hablan de ciclos naturales del planeta y consideran las alarmas de científicos excesivos o instrumentales.

En el caso del conflicto de Gaza, quien cree que da peso a las relaciones de las Naciones Unidas y las ONG que documentan la violencia contra los civiles, que vienen a hablar abiertamente sobre el genocidio. Aquellos que denotan, por el contrario, interpretan los números como manipulados o parciales y rechazan el uso mismo del término “genocidio”, reduciendo el alcance de los testimonios disponibles.

El mismo esquema se repitió con Covid: aquellos que creen que aceptaron los datos epidemiológicos, siguieron las recomendaciones científicas y reconocieron la gravedad de la pandemia. Aquellos que niegan consideraron datos inflados, se han confiado a fuentes alternativas y describieron el virus como gripe.

Estos ejemplos muestran cómo el mismo evento puede producir narraciones opuestas, respaldadas por diferentes selecciones de las fuentes.

No es solo una cuestión de ideas: las consecuencias psicológicas

Las reacciones a la disonancia cognitiva son variadas:

Todas estas respuestas tienen la misma función: reducir el conflicto interno que surge cuando los valores declarados no coinciden con lo que vemos.

Cómo vivir con aquellos que no piensan como nosotros

La disonancia cognitiva no solo se refería a los “otros”: nos preocupa a todos. Por esta razón, frente a aquellos que interpretan los mismos eventos de manera diferente, el desafío no es “ganar” un debate, sino reconocer que todos leen la realidad a través de sus propias creencias y fuentes que eligen.

La convivencia no significa aceptar cada opinión, sino comprender que detrás de las visiones opuestas hay procesos psicológicos comunes. Conocer estos mecanismos es el primer paso para diálogos más constructivos y menos polarizantes.