Detener las comunicaciones repentinamente sin explicación, el comportamiento llamado fantasma, duele más que rechazar a alguien de manera directa y clara. Así lo demuestra un estudio dirigido porUniversidad de Milán Bicocca.
Los investigadores realizaron dos estudios en particular: en el primero, 46 voluntarios interactuaron diariamente durante 15 minutos en un chat con un cómplice sobre temas predeterminados durante seis días. Al cuarto día, el cómplice dejó de responder (imagen fantasma), comunicó explícitamente la intención de finalizar la interacción (rechazo) o continuó la conversación (grupo de control).
Los análisis de modelos mixtos revelaron que el imagen fantasma y el rechazo tuvo un impacto en constructos similares, incluidas las emociones, las necesidades psicológicas básicas, la percepción de los demás y las intenciones de comportamiento, pero de maneras distintas: el efecto fantasma, de hecho, provocó en promedio una respuesta negativa más lenta y prolongada.
En el segundo experimento participaron 90 participantes del estudio, esta vez con un diseño experimental de nueve días e incluyendo cómplices del mismo sexo o del sexo opuesto; los resultados esencialmente replicaron los del primero. De hecho, aunque el género no surgió como un factor significativo, persistieron reacciones diferenciales ante el fantasma y el rechazo.
©Las computadoras en el comportamiento humano
Este enfoque único permitió monitorear la evolución diaria del malestar emocional y resaltar cómo el silencio prolongado del fantasma produce efectos más duraderos que el rechazo directo.
Ambos fenómenos provocan respuestas negativas y amenazan necesidades psicológicas fundamentales – explica Alessia Telari, primera autora del trabajo – pero el efecto fantasma mantiene a las personas atrapadas en un estado de incertidumbre que dificulta su cierre emocional.
En otras palabras, una negativa clara y explícita ciertamente causa un fuerte dolor emocional, pero “cierra la puerta”, dejando a la persona libre de renunciar. Un silencio prolongado sin explicaciones, sin embargo, deja al desafortunado “en el limbo”, impidiéndole racionalizar, reaccionar y, por tanto, potencialmente, empezar de nuevo.
Contrariamente a la creencia popular, los resultados resaltan que la comunicación es importante, incluso cuando se decide terminar una relación que se considera sin importancia – concluye Telari – Comprender cómo reaccionamos al efecto fantasma puede ayudarnos a afrontar mejor las rupturas digitales y promover interacciones más conscientes y empáticas también en línea.
El trabajo fue publicado el Las computadoras en el comportamiento humano.
Fuentes: Universidad de Milán Bicocca / Computers in Human Behavior