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Escribir a mano estimula mucho más el cerebro que hacerlo en un teclado. Un estudio revela por qué nunca deberíamos dejar de usar cursiva

Un lápiz digital se desliza por la pantalla y construye una palabra, letra por letra. En el otro lado hay un teclado: simplemente busca la tecla y presiónala. Para el cerebro las dos operaciones son mucho menos similares de lo que parecen. En un estudio de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), publicado en Fronteras en psicologíaaparecieron patrones de conectividad cerebral mucho más extensos al escribir a mano que al escribir.

El estudio data de enero de 2024, aunque en los últimos días ha vuelto a circular como novedad. El resultado, sin embargo, aún merece atención: el movimiento necesario para construir las letras parece involucrar al cerebro de una manera que simplemente presionar las teclas no se reproduce. Y en el experimento ni siquiera necesitabas papel y libreta: escribías con un bolígrafo digital en una pantalla.

Unos auriculares con 256 sensores para observar lo que pasa mientras escribimos

Los investigadores reclutaron a 40 estudiantes universitarios de poco más de veinte años. Los datos de EEG de 36 participantes diestros estaban lo suficientemente claros como para ser analizados. Cada uno llevaba una malla de alta densidad con 256 electrodos, mientras reproducía palabras presentadas visualmente. En algunas pruebas tuvo que escribirlas a mano con un bolígrafo digital, en otras tuvo que teclearlas en el teclado.

Durante la escritura manual, surgieron patrones de conectividad más complejos en las bandas theta y alfa, especialmente entre las regiones central y parietal. Son áreas cerebrales y oscilaciones implicadas en diversos procesos cognitivos, incluidos los relacionados con la integración sensorial, la memoria de trabajo y la codificación de la información. Los autores creen que esta mayor coordinación puede crear condiciones propicias para el aprendizaje.

La diferencia se vuelve bastante intuitiva tan pronto como miras la mano. Para escribir una “A” debes decidir por dónde empezar, guiar el movimiento, controlar su trayectoria y verificar visualmente lo que aparece. Luego comenzamos de nuevo con la siguiente letra. Esa misma “A” ya existe en el teclado: debes ubicarla y presionar. Se construye una letra, se selecciona la otra. El cerebro parece notar la diferencia.

La ventaja parece residir sobre todo en el gesto.

Este detalle evita también transformar el papel en un objeto dotado de misteriosos superpoderes cognitivos. En el experimento noruego, los participantes: Utilizaron un lápiz digital directamente en una pantalla táctil.

Lo que marca, por tanto, la diferencia parece ser sobre todo la riqueza del movimiento necesario para trazar cada grafema, junto con la información visual y propioceptiva que acompaña a ese gesto. Los autores hablan de la combinación de movimientos controlados de la mano y retroalimentación sensorial como posible origen de los diferentes patrones observados en el EEG.

Es un detalle interesante también a la hora de pensar en el colegio. Aprender a escribir significa en realidad asociar un signo, un sonido y una secuencia de movimientos. Escribir permite llegar al mismo resultado visible mucho más rápido, pero elimina gran parte del camino necesario para construirlo.

Por ello, los autores sugieren mantener un espacio estable para la escritura manual desde la infancia, sin convertir el tema en una guerra más entre cuadernos y tabletas. La tecnología sigue teniendo funciones obvias; En pocas palabras, diferentes actividades exigen diferentes cosas al cerebro.

¿Mejor memoria? Aquí necesitamos un paso más.

Sin embargo, existe un límite que debe mantenerse firme. El estudio registró la actividad cerebral mientras los estudiantes escribían palabras que ya conocían.

En 2025, Svetlana Pinet y Marieke Longcamp dedicaron un comentario científico al estudio, publicado también en Fronteras en psicologíarecordando precisamente esta distinción: observar una mayor conectividad theta y alfa durante la escritura manual no nos permite, por sí solo, concluir que la información se recordará mejor.

También hay una peculiaridad metodológica que merece una mención. Durante las pruebas con el teclado, los alumnos debían escribir utilizando únicamente el dedo índice derecho y sin ver aparecer en pantalla lo que escribían. Una situación bastante alejada de la de alguien que toma notas con diez dedos durante una lección, y que puede haber acentuado algunas diferencias entre ambas actividades.

Sin embargo, los propios autores del comentario nos recuerdan que la discusión sobre la escritura manual no nace y muere con este experimento. Estudios anteriores han encontrado beneficios de la práctica de la escritura a mano en el reconocimiento de letras, la recuperación de palabras y el aprendizaje de lectura y escritura. Todavía necesitamos estudios capaces de conectar más directamente lo que sucede en las redes cerebrales con lo que realmente permanece en la cabeza.

Los datos del estudio noruego, libres de la tentación de decirlo todo, siguen siendo bastante bellos: cuando trazamos una palabra, el cerebro debe seguir también el camino recorrido por la mano. Al presionar un botón ese camino se vuelve mucho más corto.

Y quizás por eso también, en la época en que podemos escribir una página sin casi tocar un bolígrafo, ese gesto un tanto lento sigue teniendo algo que ver en nuestro cerebro.