Cada año se contraen entre 400 y 640 mil infecciones durante la hospitalización, y alrededor de 20 mil muertes que se les pueden atribuir. Estas son las estimaciones del Istituto Superiore di Sanità sobre las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, el fenómeno que en la jerga técnica se llama ICA y que en el lenguaje común sigue siendo infección hospitalaria. Sin embargo, lo más importante es que más de la mitad de esos casos podrían haberse evitado. Para dar forma a este número, se creó el Observatorio ICA Italia, presentado con motivo del Día Nacional de la Seguridad del Cuidado y de la Persona Asistida, que se celebra cada 17 de septiembre. El portal reúne datos públicos, documentos europeos, vigilancia regional y sentencias, con un objetivo declarado que se aleja de la lógica del escándalo, es decir, no castigar, sino comprender dónde falla el sistema.
Qué recoge el portal
El archivo incluye actualmente 348 sentencias pronunciadas entre 2016 y 2026 en las veinte regiones italianas. Las medidas se publican de forma anónima: los pacientes, el personal sanitario y las instalaciones no están identificados, incluso cuando los nombres aparecen en los documentos judiciales originales. De los promotores de la iniciativa surge una frase que vale como manifiesto: “Nuestro adversario es la infección, no los que trabajan en las salas. Por eso no publicamos el nombre de ningún hospital, ni siquiera cuando está escrito en los documentos. Un observatorio que alimente los litigios haría daño a los hospitales sin eliminar una sola infección”. Además del archivo judicial, una sección del sitio destaca las estructuras que han logrado reducir considerablemente sus infecciones, pero sólo aquellas que dan su consentimiento por escrito para comparecer. Las fisuras más recurrentes emergen de las sentencias: catéteres dejados demasiado tiempo, campos operatorios contaminados, vigilancia totalmente inexistente, hospitales incapaces de documentar las medidas que dicen haber adoptado. Con una advertencia que los propios editores del sitio quieren reiterar: los procedimientos judiciales sólo representan una parte del problema, porque muchos casos de daños terminan en acuerdos confidenciales o nunca llegan a los tribunales.
Porque la prevención es más complicada de lo que parece
Las infecciones relacionadas con la atención sanitaria casi nunca surgen de un solo error, y en la mayoría de los casos son el resultado de múltiples factores que se suman: la fragilidad del paciente, la necesidad de procedimientos invasivos como catéteres o intervenciones quirúrgicas, la presencia de microorganismos en el ambiente asistencial, la organización (o desorganización) del trabajo en la sala. La higiene de manos, el correcto manejo de los dispositivos, la esterilidad de los procedimientos, la limpieza de los ambientes, el uso adecuado de antimicrobianos son las medidas que, según la literatura científica, realmente reducen el riesgo. Pero sólo funcionan si se convierten en una práctica estable en un departamento, no si dependen de la buena voluntad de la enfermera o del médico de turno. Se necesitan protocolos claros, formación continua, disponibilidad de materiales, comunicación entre departamentos y verificación periódica de cuánto se respetan realmente los procedimientos. Aquí es donde entra en juego la vigilancia epidemiológica, que permite detectar cuándo las cifras de un departamento se desvían de la norma, comparar diferentes períodos e identificar los pasos asistenciales más expuestos. Una reducción de los contagios medida en el tiempo dice mucho más que una declaración de conformidad, siempre que los datos se recojan con criterios homogéneos y tengan en cuenta las diferencias entre pacientes y servicios.
El valor y los límites de la documentación
Anotar lo que se ha hecho (como qué catéter se utilizó, cuándo se reemplazó y con qué precauciones) no es ciertamente un mero ejercicio burocrático, porque es lo que permite, en caso de complicación, reconstruir el camino del tratamiento y corregir rápidamente lo que no funcionó. Las sentencias recogidas por el Observatorio lo confirman indirectamente, y buena parte de los litigios surgen precisamente cuando falta la documentación o está incompleta. Hay que decir con igual claridad que esas mismas sentencias no son una muestra representativa del fenómeno en su conjunto, dado que sólo describen los casos que llegaron a los tribunales, no la frecuencia real de las infecciones ni la calidad media de los centros sanitarios italianos.
De la culpa del individuo a la seguridad del sistema
Centrar la atención en quién cometió un error en un solo caso corre el riesgo de pasar por alto los factores organizacionales que casi siempre son más importantes, incluidas las cargas de trabajo, la rotación de personal, la continuidad de la atención y la calidad de los controles internos. , supone situarlos en un marco más amplio, el de la gestión del riesgo clínico. La transparencia, en este sentido, ayuda cuando sirve para hacer circular lo que funciona y lo que no funciona, no cuando se convierte en clasificaciones basadas en datos que no son comparables entre sí. El objetivo, para quienes realmente trabajan sobre el terreno, debe ser transformar tanto los informes como los problemas críticos documentados en intervenciones verificables, capaces de reducir el número de infecciones sin alimentar una búsqueda del culpable que, al final, no cura a nadie.