Santa Catarina
EMERGENCIAS: 911
PROTECCIÓN CIVIL: 81 8676.18.66
SEGURIDAD PÚBLICA: 81 8676.18.66
CIAC: 81 8676.17.17 / 81 8676.17.00

Los científicos han descubierto por qué algunas personas se sienten responsables con la naturaleza y otras no

¿Alguna vez piensas en ello? Todos los años leemos sobre incendios, inundaciones, desaparición de especies. Sin embargo, mientras alguien sale a la calle o cambia sus hábitos, otro hace caso omiso de la noticia y sigue adelante. La cuestión no es quién es “bueno” y quién no. La verdadera pregunta es otra: ¿por qué algunas personas sienten la naturaleza como una responsabilidad personal, casi íntima, y ​​otras no?

No es sólo una cuestión de información. Es una cuestión del valor de la naturaleza, de cómo la percibimos dentro de nosotros mismos. Y un estudio publicado en Investigaciones actuales en psicología ecológica y social Intenté resolverlo analizando las respuestas de 745 personas en Japón. No preguntaron “¿Te gusta la naturaleza?”. Habría sido demasiado fácil. Preguntaron: ¿qué valor le das? ¿Y qué dice esto de ti?

Tres formas diferentes de sentir el valor de la naturaleza

Cuando hablamos del valor de la naturaleza, muchas veces pensamos en una idea genérica de amor por el medio ambiente. En realidad, la psicología ambiental distingue tres formas muy diferentes de atribuirle importancia.

El primero es el valor intrínseco. Es la creencia de que la naturaleza tiene derecho a existir independientemente de nosotros. Un bosque es valioso incluso si no produce ganancias. Un río cuenta incluso si nadie pesca en él. Es una visión que no se centra en el ser humano y mucho en el ecosistema en su conjunto.

Luego está el valor instrumental. Aquí la naturaleza es fundamental porque necesitamos: agua potable, alimentos, aire respirable, estabilidad climática. No es una idea fría o cínica, como podríamos pensar. A menudo quienes piensan de esta manera apoyan la protección del medio ambiente precisamente porque saben que nuestra supervivencia depende de ecosistemas saludables.

Finalmente está el valor relacional. Y quizás sea el más interesante. No habla de derechos ni de utilidad, sino de conexión. La naturaleza como parte de nuestra identidad, como algo que nos define. Es el sentimiento de pertenencia que sentimos cuando caminamos por un bosque que conocemos desde siempre, o cuando decimos “este mar es mi hogar”.

¿Y sabes qué es asombroso? Las personas pueden ser ambientalistas por razones completamente diferentes. Hay quienes defienden un río porque lo consideran sagrado. Quién lo hace porque proporciona agua a la comunidad. Y quién cree que ese río tiene un valor en sí mismo y punto.

Lo que encontró el estudio

El estudio demostró que estos tres puntos de vista no se confunden entre sí. Son distintos, incluso en un contexto cultural diferente al occidental. Y esto es importante: significa que el valor de la naturaleza no es una idea de “libro de texto europeo”, sino una forma universal de organizar nuestra relación con el medio ambiente.

Uno de los resultados más interesantes se refiere al valor relacional. Las personas que sienten una fuerte conexión con la naturaleza también tienden a atribuir una especie de “agencia” a los seres no humanos. No en el sentido estrictamente científico, sino como una percepción de que los animales, los ríos y las montañas no son sólo objetos inmóviles en el fondo.

Ryosuke Nakadai, investigador de Universidad Nacional de Yokohama y autor principal del estudio, explicó que quienes valoran la relación entre los humanos y la naturaleza están más inclinados a considerar los elementos naturales como “actores” en el mundo, no simplemente recursos. Por el contrario, quienes ponen el valor intrínseco en el centro tienden a rechazar la idea de que el ser humano sea el punto de referencia moral de todo. Es un distanciamiento del antropocentrismo, esa visión según la cual todo vale sólo según nosotros.

Otro dato interesante se refiere al valor instrumental: no estaba automáticamente vinculado a una visión egoísta o antropocéntrica. En otras palabras, considerar útil la naturaleza no significa necesariamente explotarla sin escrúpulos. Mucha gente lo protege precisamente porque reconoce que sin ecosistemas sanos no hay futuro para nadie.

Porque entender el valor de la naturaleza es fundamental para cambiar realmente las cosas

Aquí viene la parte que nos ocupa de cerca. Si queremos promover un comportamiento más sostenible, no basta con decir “hay que salvar la naturaleza”. Depende de cómo se sienta la gente al respecto. Un mensaje basado en los “derechos de la naturaleza” llegará a quienes creen en el valor intrínseco. Una conversación sobre pertenencia, cuidado y reciprocidad resonará en aquellos con una perspectiva relacional. Una referencia a la salud, el agua potable y la seguridad alimentaria conmoverá a quienes piensan en términos instrumentales.

No hay una sola clave. Y quizás la verdadera pregunta sea personal: ¿qué valor le das a la naturaleza? ¿Te sientes como en casa? ¿Como recurso? ¿Como ser vivo con derecho a existir? No existe una respuesta correcta en los libros de texto. Pero comprender desde dónde partimos puede cambiar la forma en que elegimos, votamos, consumimos y enseñamos a nuestros hijos. Porque al final la naturaleza no es algo que “está ahí afuera”. Es el espejo de cómo nos vemos a nosotros mismos en el mundo.