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Los músculos de nuestra cara nos ayudan a descifrar las emociones de los demás, el fascinante estudio totalmente italiano que nos hace pensar

No siempre es muy fácil comprender las emociones de los demás, pero justo cuando parece realmente difícil intervienen los músculos de nuestro rostro: un estudio deUniversidad de Parma y de laUniversidad de Padua ha demostrado que son ellos los que nos ayudan a comprender lo que siente la persona que tenemos delante, especialmente cuando un rostro es difícil de leer. La obra nos hace reflexionar, una vez más, sobre la relación entre mente y cuerpo.

Dos teorías opuestas

Como explican los investigadores, la neurociencia cognitiva lleva mucho tiempo intentando comprender cómo nuestro cerebro es capaz de captar los matices y descifrar las emociones pintadas en los rostros de los demás. Según algunas hipótesis, el cerebro se “limitaría” a comparar rostros con modelos visuales que ha aprendido a memorizar, en una especie de análisis comparativo.

Otras teorías, en cambio, sostienen que la vista por sí sola no es suficiente y que el cerebro implica también los sistemas motores, los mismos con los que expresamos nuestros sentimientos en el rostro: en la práctica es como si, para comprender lo que siente la persona que tenemos delante, hiciéramos un intento “invisible” de imitar sus movimientos faciales.

Cómo se realizó el estudio y qué mostró

De hecho, los científicos realizaron tres estudios que integraron expresiones dinámicas prototípicas y no prototípicas, parálisis facial congénita (síndrome de moebius) y adquirió y utilizó una clasificación de gravedad estandarizada (Sistema de clasificación facial Sunnybrook; SFGS), con un total de 185 participantes.

La clave del estudio resultó ser la participación de personas que padecen parálisis facial, una condición caracterizada por la pérdida parcial o total de la capacidad de mover los músculos de la cara. De hecho, las personas afectadas por este síndrome tienen una capacidad reducida, y en algunos casos nula, para mover la cara sin tener que recurrir a alteraciones artificiales.

©PNAS

Comparar personas paralizadas desde el nacimiento, como las afectadas por el síndrome Moebiuscon aquellos que desarrollaron parálisis más adelante en la vida nos permite aislar el papel fundamental de las experiencias motoras.

Los resultados muestran que la contribución de los sistemas sensoriomotores de la cara – las señales enviadas al cerebro que unen los sentidos y el movimiento muscular real – se vuelve particularmente importante ante expresiones ambiguas – explican los científicos – un hecho que concilia las dos perspectivas teóricas y establece un nuevo enfoque conceptual sobre cómo reconocemos las emociones de los demás.

En otras palabras, nuestro cuerpo participa, silenciosamente, cada vez que un rostro se vuelve difícil de leer.

Un estudio que abre las puertas a nuevas preguntas (y te hace pensar)

Comprender lo que siente otra persona no es una actividad para espectadores: nuestro cuerpo participa, en silencio, cada vez que un rostro se vuelve difícil de leer – precisa – subraya Paola Sessa, que coordinó el trabajo – Y no se trata sólo de quienes viven con parálisis. Según nuestros datos, bastaba con limitar temporalmente los movimientos faciales de voluntarios sanos para que fallara la lectura de las expresiones más ambiguas. Este estudio no cierra una discusión: abre preguntas que finalmente son precisas. ¿Puede la rehabilitación del movimiento facial contribuir también a la comprensión de los demás? ¿Y qué importancia tienen las interacciones cara a cara de los primeros meses (los rostros mirados, imitados, correspondidos) en la construcción del archivo mental de expresiones, dentro de lo que probablemente sea una ventana crítica de desarrollo? Estos son nuestros próximos pasos, que debemos dar junto con médicos, pacientes y familias.

Realmente el estudio nos hace reflexionar mucho, científicamente, sobre la relación mente-cuerpo, que quizás sea mucho más compleja de lo que pensamos.

El trabajo se realizó gracias al aporte de Fundación Caríparoy fue publicado el Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (PNAS).

Fuentes: Universidad de Padua / PNAS