Lo ocurrido en Nochevieja en Crans-Montana volvió a poner de relieve las centelleantes velas, esos pequeños artefactos pirotécnicos -sólo aparentemente inofensivos- que iluminan tartas, postres e incluso botellas de champán durante fiestas y celebraciones. Pero además del riesgo de incendio, dramáticamente demostrado por el accidente suizo, estos productos esconden otro peligro poco conocido.
Estudios sobre velas parpadeantes
Las velas pirotécnicas no son simples adornos, actúan como mini fuegos artificiales. Así lo demuestra un estudio italiano realizado en el marco del proyecto Davenpros, coordinado por el profesor Tiziano Pagliaroli de la Universidad Niccolò Cusano, en colaboración con la Universidad Roma Tre y el Centro de Investigación ENEA de Casaccia.
El equipo, que originalmente desarrolló sensores para medir la velocidad de las partículas en los motores de cohetes, aplicó la misma tecnología a las velas pirotécnicas. Los resultados son sorprendentes: las partículas metálicas emitidas por la combustión viajan a velocidades de entre 20 y 80 metros por segundo y prácticamente todas caen sobre la superficie de la torta, trayendo consigo metales como aluminio, hierro, magnesio, bario, cobre y estroncio.
Como explicó Pagliaroli a Repubblica, estas bujías reproducen a pequeña escala algunos aspectos típicos de los sistemas de propulsión aeroespacial y están cargadas con los mismos metales utilizados en los cohetes como propulsores. Su efecto escénico se debe precisamente a la oxidación de estas diminutas partículas metálicas que emiten las características chispas de colores.
Para confirmar los temores en el uso de estas velas también hay un estudio publicado en la revista Métodos analíticos de alimentos por investigadores brasileños, que analizaron los residuos de las fuentes luminosas. El análisis químico reveló microdosis de metales: bario (0,3%), cobre (0,18%), estroncio (0,06%), hierro (0,03%) y aluminio (0,02%), con trazas de cadmio y cromo en las superficies expuestas.
Porcentajes aparentemente bajos, pero significativos porque se trata de sustancias que no deben encontrarse en los alimentos, especialmente si están destinados a niños o personas sensibles. Los autores señalan que, aunque las cantidades sean mínimas, la exposición repetida puede superar los límites de ingesta diaria considerados seguros por las agencias sanitarias internacionales.
En resumen, ambos estudios resaltan el mismo problema: las velas pirotécnicas liberan partículas metálicas que pueden depositarse en los dulces cuando se usan para efectos escénicos, convirtiendo decoraciones aparentemente inofensivas en un riesgo potencial para la salud.
El riesgo de incendio
La tragedia suiza nos recordó entonces de la forma más dramática lo peligrosos que pueden ser los riesgos de incendio. Como explica la experta en balística Raffaella Sorropago, que realizó un experimento, las velas brillantes contienen pólvora y pueden alcanzar temperaturas de hasta 600°C. Si se utilizan cerca de materiales no ignífugos, como papel, tela o paneles que absorben el sonido, las llamas pueden provocar incendios en cuestión de segundos.
Sorropago subraya que, si se utilizan correctamente, no generan peligros, pero basta con acercarlos a materiales inflamables para que el riesgo sea inmediato.
Para reducir los riesgos, los expertos recomiendan usarlos con moderación, mantenerlos alejados de superficies comestibles y considerar alternativas decorativas más seguras, incluso para los dulces, especialmente si están destinados a niños. Las velas tradicionales o las decoraciones con luces LED pueden ofrecer el mismo efecto escénico sin poner en riesgo ni la seguridad ni la salud de quienes celebran.
Fuentes: Métodos analíticos de alimentos