La percepción de la realidad no es una fotografía fiel del mundo. Nuestro cerebro construye continuamente lo que vemos, entrelazando información sensorial, recuerdos, expectativas y emociones. Cada imagen que aparece ante nuestros ojos es el resultado de este delicado equilibrio.
Cuando ciertos psicodélicos entran en juego, este sistema cambia profundamente. Las imágenes parecen moverse, los colores se vuelven más intensos, las formas se transforman y aparecen geometrías complejas que parecen superponerse a la realidad. Quienes han tenido una experiencia de este tipo suelen describir una sensación difícil de describir: como si el mundo real se mezclara con algo que surge dentro de la mente.
Durante años, los científicos han intentado comprender qué sucede realmente en el cerebro durante estas experiencias. Hoy una nueva investigación internacional ha dado un importante paso adelante. De hecho, un grupo de neurocientíficos ha logrado observar en tiempo real el momento exacto en el que el cerebro comienza a generar alucinaciones psicodélicas.
El estudio, dirigido por la Universidad Ruhr de Bochum en Alemania con la colaboración de investigadores de Hong Kong y Singapur, permitió identificar un mecanismo sorprendente: cuando la percepción del mundo exterior se debilita, el cerebro comienza a llenar los espacios vacíos con fragmentos de memoria.
Precisamente de este encuentro entre memoria y percepción surgen las imágenes que llamamos alucinaciones.
Cómo surgen las alucinaciones psicodélicas
Para comprender lo que realmente sucede durante una experiencia psicodélica, los científicos han elegido un enfoque muy diferente al del pasado. En lugar de limitarse a escáneres cerebrales o historias de personas, decidieron observar la actividad neuronal tal como ocurre.
Para ello utilizaron ratones genéticamente modificados cuyas células nerviosas producen proteínas fluorescentes. Cuando las neuronas se activan, estas células emiten luz que permite seguir el camino de las señales eléctricas a través de la corteza cerebral. Gracias a esta tecnología, llamada imágenes de voltaje óptico, los investigadores pudieron observar la actividad cerebral a gran escala sin utilizar electrodos tradicionales.
El profesor Dirk Jancke, uno de los principales autores de la investigación, explicó que la fluorescencia observada en los experimentos proviene de neuronas particulares llamadas células piramidales, responsables de la comunicación entre diferentes áreas del cerebro. Una vez preparado el modelo experimental, los científicos administraron a los ratones dos compuestos con propiedades psicodélicas: DOI (2,5-Dimetoxi-4-yodoanfetamina) y TCB2.
Ambas sustancias actúan sobre un receptor cerebral específico, el receptor de serotonina 5-HT2A, el mismo que es activado por psicodélicos clásicos como el LSD, la psilocibina y la DMT. Es precisamente este receptor el que modifica la forma en que el cerebro procesa la información procedente del entorno.
Durante los experimentos los investigadores observaron algo muy interesante en la corteza visual primaria, la región del cerebro que procesa lo que vemos. En condiciones normales, esta zona presenta un ritmo eléctrico lento que oscila aproximadamente cinco veces por segundo. Se trata de una actividad cerebral de 5 Hertz, presente incluso durante la vigilia normal.
Sin embargo, después de la administración de los compuestos psicodélicos, este ritmo empezó a aparecer de forma mucho más frecuente y espontánea. El fenómeno se hizo aún más evidente cuando los ratones observaron un estímulo visual real, como un patrón gráfico en movimiento en una pantalla. En estas condiciones, la actividad cerebral a 5 Hertz se volvió más intensa y duró más.
El descubrimiento más fascinante se produjo al observar cómo se propagaban estas ondas en el cerebro. La actividad no se limitó a la corteza visual, sino que se sincronizó perfectamente con otra área: la corteza retroesplenial, una región implicada en los procesos de memoria y la representación del espacio. Los investigadores detectaron un retraso extremadamente preciso entre las dos áreas del cerebro: aproximadamente 18 milisegundos. Esta pequeña diferencia de tiempo corresponde exactamente al tiempo que tarda una señal nerviosa en viajar desde la corteza visual hasta la corteza de la memoria.
Es decir, el cerebro activa una especie de puente directo entre lo que vemos y lo que recordamos. Según Callum White, primer autor del estudio, la activación del receptor 5-HT2A reduce la fuerza de la información visual procedente del exterior. El mundo real sigue siendo percibido, pero se vuelve menos accesible a la conciencia.
En ese momento el cerebro entra en acción para llenar este vacío. Utilizando la conexión rítmica entre percepción y memoria, comienza a insertar fragmentos de recuerdos y asociaciones internas en lo que estamos observando. El resultado aparece ante tus ojos como si fuera real. Así surgen las alucinaciones psicodélicas.
El cerebro, en la práctica, cambia su modo de funcionamiento. La información del exterior pierde importancia mientras que las imágenes internas se vuelven cada vez más fuertes y más sincronizadas con lo que creemos ver. Jancke describe esta condición con una imagen muy efectiva: una especie de sueño parcial experimentado con los ojos abiertos.
Del cerebro de ratón a los estudios sobre LSD y DMT
Estas observaciones en modelos animales ayudan a comprender mejor lo que sucede en el cerebro humano durante las experiencias psicodélicas. En los últimos años varios estudios neurocientíficos han analizado los efectos de sustancias como el LSD y el DMT en la mente.
Una investigación realizada en el Imperial College de Londres examinó la actividad cerebral de veinte voluntarios sanos a los que se les había administrado LSD. Los escáneres mostraron que durante la experiencia psicodélica las separaciones normales entre las redes cerebrales tienden a disolverse. En condiciones normales, el cerebro funciona a través de sistemas relativamente independientes que se ocupan de tareas específicas, como el movimiento, el lenguaje o la percepción sensorial.
Bajo la influencia del LSD estas barreras se vuelven mucho más permeables. Las diferentes áreas del cerebro comienzan a comunicarse entre sí con mayor intensidad, creando una red sumamente interconectada. Por tanto, muchas más regiones del cerebro participan en la construcción de imágenes visuales.
El neurocientífico Robin Carhart-Harris observó que este estado se asemeja, en algunos aspectos, al funcionamiento del cerebro durante la infancia. En los primeros años de vida, la mente se caracteriza por una mayor libertad de conexión entre redes neuronales, condición que favorece la imaginación y la creatividad.
Otro estudio del mismo instituto analizó los efectos del DMT, una de las sustancias psicodélicas más potentes conocidas y también presente en la bebida amazónica ayahuasca. Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional y electroencefalograma, los investigadores observaron que el DMT causa una hiperconectividad generalizada en las regiones más avanzadas del cerebro, aquellas involucradas en el lenguaje, el pensamiento simbólico y la construcción de significado.
Durante la experiencia psicodélica, las oscilaciones cerebrales normales se vuelven menos ordenadas. Según Carhart-Harris, el cerebro entra en un modo de funcionamiento mucho más libre e impredecible, casi anárquico, en comparación con el estado normal.
Estos descubrimientos también están abriendo nuevas perspectivas en el campo de la medicina. Comprender cómo surgen las alucinaciones psicodélicas podría ayudar a los investigadores a estudiar fenómenos similares presentes en algunas enfermedades neurológicas y psiquiátricas, como la psicosis o las alucinaciones asociadas al Parkinson.
Al mismo tiempo, crece el interés por el uso controlado de algunas sustancias psicodélicas en el tratamiento de la depresión y los trastornos de ansiedad. En contextos médicos supervisados estas moléculas parecen capaces de modificar temporalmente la actividad cerebral, haciendo la mente más flexible.
Según Jancke, poner el cerebro en un estado parcial de sueño podría ayudar a los pacientes a reelaborar patrones de pensamiento negativos de larga data. En esta fase de mayor plasticidad, la mente podrá reconstruir su manera de interpretar la realidad.
La investigación sobre sustancias psicodélicas, que durante años permaneció al margen de la ciencia, se está convirtiendo en una valiosa herramienta para comprender mejor el funcionamiento de la conciencia. Y quizás, al observar cómo el cerebro logra inventar mundos enteros cuando la percepción flaquea, podamos comprender con mayor claridad cómo nace la realidad que vemos todos los días.