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¿Quieres ser más creativo? Intente eliminar en lugar de agregar

Cuando pensamos en creatividad, muchas veces imaginamos una explosión de ideas, alternativas, posibilidades. Cuantas más opciones tenemos, más libres nos sentimos. O al menos eso creemos. En realidad, la psicología nos cuenta una historia diferente, contraintuitiva pero sorprendentemente concreta: para ser más creativos, a menudo tenemos que eliminar, no agregar.

Vivimos inmersos en la abundancia. Estantes infinitos, menús kilométricos, plataformas digitales que nos ofrecen todo, de forma inmediata. Pero esta sobreabundancia no nos hace más satisfechos ni más brillantes. De hecho, muchas veces nos bloquea. Y la creatividad, cuando la mente está cansada y confundida, lucha por emerger.

Crecimos con la idea de que “más es mejor”. Más funciones, más variaciones, más opciones. Pero nuestros cerebros no están diseñados para manejar cantidades infinitas de opciones sin pagar el precio. Cada elección requiere atención, comparación, energía mental. Cuando las alternativas se vuelven demasiadas, entra en juego la sobrecarga cognitiva.

El psicólogo Barry Schwartz explicó este mecanismo, con el famoso Paradoja de la elección. Según Schwartz, a medida que aumentan las opciones, nuestra satisfacción disminuye. Cuantas más alternativas tenemos, más crece el miedo a cometer errores y el arrepentimiento por lo que hemos excluido. ¿El resultado? Decisiones agotadoras, inseguridad, estrés.

Es una experiencia común. Basta buscar un artículo online para sentirse abrumado: decenas de modelos similares, críticas mixtas, comparaciones infinitas. Al final elegimos, pero con la duda de no haber elegido bien. En este escenario, la creatividad no tiene cabida, porque la mente está demasiado ocupada defendiéndose del ruido.

El estudio sobre las mermeladas.

Uno de los experimentos sobre elección más conocidos y citados es el estudio realizado por Sheena Iyengar y Mark Lepper, publicado en 2000 y hoy considerado un punto de referencia en la psicología de las decisiones.

El experimento, que pasó a la historia como Estudio de mermeladatuvo lugar en un supermercado. En una primera fase, se ofreció a los clientes un mostrador con 24 sabores diferentes de mermelada. El stand llamó mucho la atención, despertó curiosidad, hizo que la gente se detuviera. Sin embargo, sólo el 3% de los que se acercaron realmente compraron un producto.

En una segunda fase, las mermeladas se redujeron a sólo 6 variaciones. Menos opciones, menos confusión. El mostrador atrajo menos visitantes, pero el dato clave fue otro: el 30% de la gente compró.

El mensaje es muy claro. Demasiadas opciones bloquean la acción. Menos opciones hacen que la decisión sea más fácil, más rápida y más satisfactoria. Y esto también se aplica a la creatividad: cuando reducimos el campo, las ideas se vuelven más legibles, más fuertes y más efectivas.

La regla de tres

Una de las formas más sencillas de aplicar este principio en la vida cotidiana es la llamada regla de tres. Significa limitar las alternativas a un máximo de tres opciones. No sólo uno, que puede parecer exagerado, sino ni siquiera diez, que se vuelven inmanejables.

Elegir tres posibilidades te obliga a hacer una selección real. Decidir qué vale la pena conservar y qué se puede dejar ir. Es un ejercicio de resta que requiere compromiso, pero que libera la mente y hace que las decisiones sean más fluidas. La creatividad, en este espacio más limpio, se respira mejor.

Hay contextos en los que reducir drásticamente las opciones no es posible. Pensemos en los supermercados, donde encontramos decenas de tipos de galletas, salsas y cereales. En estos casos la solución no es añadir más, sino dejar más claras las diferencias. La creatividad, aquí, radica en la capacidad de simplificar, explicar, orientar. Cuando la información es legible e intuitiva, la elección se vuelve menos agotadora y más natural. Y una mente menos cansada es una mente más creativa.

Menos burocracia, más creatividad

El principio de “eliminar” no se refiere sólo a las elecciones individuales. También se aplica en contextos organizacionales y sociales. Reducir pasos innecesarios, procedimientos redundantes, reglas que complican sin agregar valor puede acelerar los procesos y liberar energía. Esto también funciona así en la vida cotidiana. Eliminar lo que complica innecesariamente, como los compromisos superfluos, las expectativas poco realistas y las superestructuras mentales, nos permite centrarnos en lo que realmente importa. Y la creatividad casi siempre surge de ahí.

Estamos acostumbrados a pensar que crear es sumar. En realidad, muy a menudo crear significa elegir qué eliminar. Menos opciones, menos ruido, menos dispersión. Donde no podemos reducir, al menos debemos aclarar. La próxima vez que se sienta estancado, confundido o poco creativo, intente hacer lo contrario de lo que le resultaría natural: eliminar, simplificar, podar. Quizás descubras que la mejor idea nace justo en ese espacio vacío.