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Retiran estudio español que daba esperanza a pacientes con cáncer de páncreas

Cuando se trata de cáncer de páncreas, las palabras siempre aterrizan en territorio frágil. Una terapia experimental, un resultado en ratones, una recaudación de fondos, una frase difundida en las redes sociales: todo puede volverse enorme en unas pocas horas, porque esta enfermedad a menudo deja muy poco tiempo y muy poco margen para la paciencia.

La revista PNAS, publicación de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, ha retirado el estudio liderado por el bioquímico español Mariano Barbacid sobre una posible triple terapia contra el cáncer de páncreas. La decisión se produjo tras la denuncia de un conflicto de intereses considerado relevante y declarado de forma incompleta en el momento del envío del artículo. Barbacid y dos coautores, Carmen Guerra y Vasiliki Liaki, están vinculados a Vega Oncotargets, una empresa creada para desarrollar aplicaciones comerciales vinculadas a esta línea de investigación.

La investigación ha mostrado resultados importantes en ratones, aunque la transición a los pacientes sigue siendo lejana

El estudio retirado describía una combinación de tres fármacos capaces de actuar en diferentes puntos de la vía molecular ligada a KRAS, una proteína frecuentemente implicada en el adenocarcinoma ductal de páncreas, la forma más común de cáncer de páncreas. La terapia combinó daraxonrasib, afatinib y SD36. En modelos animales, según comunica el CNIO, el tratamiento consiguió una regresión significativa y duradera de los tumores, sin resistencias evidentes y sin toxicidad significativa en los ratones tratados. El propio CNIO, sin embargo, precisó que el grupo liderado por Barbacid estaba aún lejos de iniciar ensayos clínicos con esa triple terapia.

Esta distinción es importante. Una cosa es obtener un resultado prometedor en el laboratorio, en modelos animales. Otra es llegar a una terapia disponible para una persona enferma. En el medio hay controles, seguridad, dosis, estudios posteriores, autorizaciones, posibles ensayos clínicos. El trabajo, según varios expertos citados en el debate científico español, sigue siendo prometedor, sin embargo debe ser replicado en humanos y requiere tiempo, recursos y mucha prudencia en la comunicación.

El contexto explica por qué la noticia causó tanto ruido. En España, en 2026 se estiman aproximadamente 10.405 nuevos casos de cáncer de páncreas. La supervivencia a cinco años sigue siendo muy baja: según REDECAN, se sitúa en torno al 11,1%, con diferencias entre hombres y mujeres. Estas cifras transforman cada anuncio en esperanza inmediata, incluso cuando la investigación aún es preclínica.

Tras la presentación pública de los resultados, la Fundación CRIS Contra el Cáncer promovió una recaudación de fondos para apoyar las siguientes fases del proyecto. La campaña superó el objetivo inicial de 3,5 millones de euros, llegando a casi 3,7 millones según las reconstrucciones más recientes. En las semanas siguientes, más de cien pacientes se pondrían en contacto con el equipo investigador para solicitar acceso al tratamiento experimental, aunque fuera en ese momento.

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El conflicto de intereses afecta a Vega Oncotargets

El quid de la retractación no se refiere a la existencia de posibles consecuencias comerciales per se. En la investigación biomédica puede suceder que un resultado de laboratorio se desarrolle a través de patentes, empresas dedicadas e inversiones privadas. El paso delicado se refiere a la transparencia: quien evalúa un estudio debe conocer los posibles intereses económicos vinculados a los resultados.

Según trascendió, Barbacid y Guerra cofundaron Vega Oncotargets junto a otros socios en 2024, con el objetivo de desarrollar terapias derivadas del trabajo del grupo. La revista consideró que esa conexión financiera debería haberse revelado en su totalidad en el momento en que se envió el artículo. El caso se volvió aún más delicado porque Barbacid, miembro de la Academia Nacional de Ciencias desde 2012, pudo utilizar una vía de publicación reservada a los miembros de la Academia, con un procedimiento diferente al de la presentación ordinaria.

Antes de llegar a PNAS, el estudio también fue presentado a Nature, que lo rechazó. Tras la retractación, Carmen Guerra dijo que el grupo volvió a enviar el trabajo a la misma revista, esta vez reconociendo las relaciones comerciales. Mientras tanto, el CNIO ha indicado que está examinando el caso a la luz de su código de buenas prácticas.

Para complicar el panorama también llegó un post publicado en el perfil social de Barbacid. En el mensaje, el investigador agradece a Dios y a las personas que lo apoyaron, habla de la “cura para el cáncer de páncreas”, afirma que tiene un interés económico como lógico y afirma poder erradicar el tumor en animales en más del 97% de los casos, agregando que cree que el beneficio tendría el mismo porcentaje en humanos. Es un paso muy delicado, porque la comunicación institucional del CNIO habla de resultados preclínicos y de un ensayo en humanos aún por realizar.

El mismo post menciona supuestas presiones de grandes empresas farmacéuticas, gobiernos, políticos y empresarios para detener la investigación. El mensaje también habla del cierre de cuentas sociales con miles de seguidores y del bloqueo de cuentas utilizadas anteriormente para recibir ayuda económica. La solicitud final de donaciones pasa por Binance, a través de un ID indicado en el texto, con un lenguaje muy alejado del de las comunicaciones oficiales.

Esta brecha importa. La recaudación de fondos comunicada por la Fundación CRIS transcurrió por los canales y herramientas de la fundación indicados en sus notas públicas, mientras que la publicación social introduce un canal diferente y un tono mucho más cercano al conflicto personal. En un asunto ya lleno de expectativas, la diferencia entre recaudación oficial, atractivo individual y promesa terapéutica debe quedar muy clara. Especialmente para los pacientes.

El caso Barbacid muestra una fractura que la investigación conoce bien: la necesidad de financiar estudios difíciles y costosos, junto con el deber de declarar cualquier interés económico cuando se publiquen esos resultados. Una posible terapia contra el cáncer de páncreas necesita dinero, laboratorios, revisiones, empresas capaces de desarrollar moléculas y años de pruebas. También necesita palabras mesuradas, porque una promesa científica puede volverse enorme incluso antes de convertirse en realidad.

La retractación no borra automáticamente el valor de los datos preclínicos. Sin embargo, esto los coloca nuevamente en un camino más exigente. Necesitamos una nueva evaluación, necesitamos conflictos de intereses declarados, necesitamos canales de donación claros, necesitamos una comunicación que mantenga los resultados en ratones separados de las esperanzas de los pacientes. Con una enfermedad como ésta, hasta la coma pesa.