Pizza, pasta, pan, patatas y alimentos ultraprocesados. Esta es la imagen de la nutrición italiana moderna que surge de una investigación de la BBC sobre la obesidad infantil, que describe un país cada vez más alejado -al menos en algunas zonas y sectores de la población- de la tradicional dieta mediterránea, que durante décadas ha representado el símbolo de la salud en la mesa.
Una acusación dura que proviene de un país, el Reino Unido, que conoce muy bien el problema de la obesidad infantil y que en los últimos años ha experimentado diversas estrategias para abordarlo. La comparación, por tanto, puede ser interesante: porque la obesidad infantil no es un problema exclusivamente italiano, sino un desafío común a muchos países.
La investigación, realizada en Nápoles, cuenta historias de niños y adolescentes que luchan con una carga que influye fuertemente en sus vidas. Entre ellos se encuentra Salvatore, de 17 años y 170 kilos, que lucha incluso para caminar y que no puede someterse a una cirugía de adelgazamiento porque su peso hace que la operación sea demasiado arriesgada.
Y el caso de Salvatore no sería aislado. Según datos de la BBC, en algunas zonas de Campania más del 40% de los niños de ocho y nueve años tienen sobrepeso, mientras que, en términos más generales, los niños italianos se encuentran actualmente entre los que tienen las tasas de sobrepeso más altas de Europa.
¿Y la dieta mediterránea?
¿Y la dieta mediterránea? “Se perdió”. Es quizás la frase más provocativa de toda la investigación. Italia, patria simbólica de la dieta mediterránea, habría perdido ahora el modelo alimentario que la hizo famosa en todo el mundo.
Así lo respalda Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, según el cual hoy en día sólo el 10% de los italianos siguen la dieta mediterránea tradicional. En su lugar aparecería una versión muy diferente de la dieta italiana, resumida por el propio Longo en las “cinco P”: pizza, pasta, patatas, proteínas y pan.
Una provocación que encuentra algunos ejemplos concretos en la investigación: supermercados repletos de productos ultraprocesados, snacks consumidos a lo largo del día y pizzas cada vez más ricas en ingredientes calóricos. Ya no son sólo las clásicas margaritas, sino pizzas rellenas de patatas fritas, salchichas y otros alimentos fritos, afirma una joven entrevistada por la BBC.
Pero decir que la dieta mediterránea “ya no existe” es quizá una simplificación. Sería más correcto decir que el modelo dietético tradicional mediterráneo es cada vez menos seguido, especialmente en algunos segmentos de la población y en algunas zonas del país. La verdadera pregunta, por lo tanto, no es sólo qué comen los italianos hoy, sino hasta qué punto es posible seguir ese modelo en un entorno alimentario donde los productos ultraprocesados, los snacks y las bebidas azucaradas son fácilmente accesibles y, a menudo, mucho más convenientes.
No basta con decirles a los padres que coman mejor
La investigación también revela otro aspecto delicado: muchos padres no se dan cuenta de que sus hijos tienen sobrepeso. Este es el caso de Francesca, de 10 años, que pesa 60 kilos. Sus padres la describen como una niña activa, que practica gimnasia artística y danza latinoamericana, y no habían considerado su peso como un problema. Sin embargo, su dieta diaria incluye pan y Nutella en el desayuno, una tarta de chocolate como merienda y, según su madre, muy pocas verduras.
El pediatra Roberto Berni Canani subraya que el problema no es necesariamente el único alimento o la única comida, sino el conjunto de hábitos que se acumulan a lo largo del día: alimentos pequeños y ricos en calorías, bebidas azucaradas, poca fruta y verdura y falta de conciencia sobre el efecto global de estas elecciones.
Y este es probablemente el punto más importante de toda la historia. No podemos hacer que la obesidad infantil sea culpa de los padres o de los niños.
El entorno en el que crecen los pequeños importa. Importa lo que encuentran en los supermercados, lo que se anuncia, lo que se vende cerca de los colegios, el tiempo que tienen para realizar actividad física y lo fácil o difícil que les resulta acceder a alimentos frescos y de calidad.
La investigación de la BBC centra la atención en una situación ciertamente preocupante en Italia, pero que no es un fenómeno aislado. De hecho, la obesidad infantil representa un desafío para muchos países, incluido el Reino Unido, que en los últimos años ha implementado diversas estrategias para tratar de combatirla, interviniendo también en el entorno alimentario y la publicidad dirigida a los más jóvenes.
Por tanto, la comparación con el Reino Unido puede resultar útil para comprender cómo abordar el problema. De hecho, la experiencia británica demuestra que la obesidad infantil no puede atribuirse únicamente a las decisiones individuales de los niños o sus familias, sino que requiere intervenciones más amplias que involucren a las escuelas, las instituciones, la industria alimentaria y la comunicación.
Por lo tanto, incluso en Italia la cuestión no debería abordarse simplemente invitando a los padres a prestar más atención a lo que comen sus hijos. Necesitamos educación y prevención nutricional, pero también un entorno que facilite la elección de alimentos saludables y recuperar, en la medida de lo posible, aquellos hábitos tradicionales mediterráneos que parecen haberse debilitado progresivamente.
Italia, sin embargo, no se ha mantenido del todo firme al respecto. En 2025 aprobó una ley nacional que reconoce la obesidad como una enfermedad crónica, progresiva y recurrente, superando la idea de que es simplemente el resultado de malas decisiones individuales. The new approach also considers the biological, environmental and social factors that contribute to the development of obesity.
Además, en Campania se han lanzado iniciativas en las escuelas que involucrarán a más de 17.000 estudiantes de 25 instituciones, con programas de educación nutricional y participación de las familias.
Es un enfoque que parece ir en la dirección correcta: empezar desde los niños hasta llegar a las familias e intentar cambiar los hábitos antes de que resulten difíciles de cambiar.
Más controvertido, sin embargo, es la experimentación de una dieta que imita el ayuno destinada a 300 adolescentes con sobrepeso. El protocolo prevé una dieta muy hipocalórica durante cinco días cada tres meses. El objetivo es lograr un “reset metabólico”, pero no todos los especialistas están convencidos de que sea un camino apto para los más jóvenes. Pediatrician Berni Canani, in particular, believes that the available evidence is still insufficient and fears possible psychological consequences and an increased risk of eating disorders.
El verdadero reto es recuperar la dieta mediterránea
En resumen, la provocación de la BBC toca una fibra sensible. Italia sigue vendiendo al mundo la imagen de la dieta mediterránea, pero eso no significa que todos los italianos, y especialmente todos los niños, la sigan realmente.
El modelo dietético tradicional a base de verduras, legumbres, frutas, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra y pescado no ha desaparecido de las mesas italianas. Pero muchas familias viven ahora con una dieta muy diferente, compuesta por productos ultraprocesados, snacks, bebidas azucaradas y alimentos con alta densidad calórica.
Entonces, quizás, en lugar de decir que “la dieta mediterránea ya no existe”, deberíamos preguntarnos por qué se ha vuelto tan difícil seguirla.
Y aquí las críticas a la BBC deberían convertirse en una oportunidad para una reflexión más amplia, que involucre también al Reino Unido y a todos los países que se enfrentan a la misma emergencia. Necesitamos educación, prevención y mayor concienciación, pero también políticas públicas capaces de facilitar la elección de alimentos saludables. Porque si realmente queremos que los niños vuelvan a comer según el modelo mediterráneo, no basta con recordarles que las verduras son buenas para nosotros: debemos conseguir que la comida sana vuelva a ser la opción más fácil, accesible y natural.