La tragedia de un joven de 19 años, fallecido a principios de agosto en una piscina privada en Montecchio Precalcino, en la zona de Vicenza, ha llamado la atención sobre un riesgo a menudo subestimado: el buceo en apnea practicado en la piscina como un juego o un desafío entre amigos.
Según las primeras reconstrucciones, que aún están siendo examinadas por los investigadores, el joven podría haber muerto durante una competición de apnea con un amigo, un desafío para quien pudiera permanecer más tiempo bajo el agua. El niño se habría sumergido sin regresar a la superficie. Los servicios de emergencia intervinieron rápidamente, pero no pudieron hacer nada por él. La Fiscalía de Vicenza está investigando la dinámica y deberá aclarar si se trató de un apagón provocado por falta de oxígeno o por una enfermedad.
Más allá de la historia concreta, el episodio llama la atención sobre un peligro muy concreto. Como explica Ulss 6 Euganea en un post editado por la Dra. Maria Rita Marchi, directora de Neumología UOC del Hospital Cittadella, contener la respiración bajo el agua durante demasiado tiempo puede provocar una pérdida repentina del conocimiento, con consecuencias potencialmente dramáticas.
Los riesgos del buceo en apnea
Cuando aguantamos la respiración, el cuerpo sigue consumiendo oxígeno de forma natural. Por lo tanto, a medida que pasa el tiempo, la cantidad de oxígeno disponible disminuye mientras que la de dióxido de carbono aumenta. Es precisamente el aumento de CO₂ lo que genera la creciente necesidad de respirar. Pero este mecanismo puede alterarse, creando una situación particularmente peligrosa.
Uno de los errores más comunes consiste en respirar muy profunda y rápidamente antes de bucear, con la creencia de que así se podrá “abastecerse de aire” y permanecer más tiempo bajo el agua.
En realidad, explica Ulss 6 Euganea, la hiperventilación no permite almacenar una cantidad significativamente mayor de oxígeno. En cambio, reduce rápidamente la concentración de dióxido de carbono en la sangre. El resultado es engañoso: las ganas de respirar llegan más tarde, pero mientras tanto el oxígeno sigue disminuyendo.
Por tanto, una persona puede alcanzar niveles de oxigenación incompatibles con la actividad cerebral normal sin sentir la necesidad de resurgir a tiempo. Esto puede provocar el llamado apagón hipóxico, es decir, una pérdida repentina del conocimiento provocada por la falta de oxígeno.
El problema es especialmente grave en el agua: quienes pierden el conocimiento bajo el agua no pueden pedir ayuda y pueden ahogarse rápidamente. Además, los desmayos pueden ocurrir sin un movimiento perceptible, lo que dificulta que quienes están cerca se den cuenta de inmediato de lo que está sucediendo.
El buceo en apnea no es seguro simplemente porque lo practica una persona joven entrenada o capaz de nadar bien. De hecho, según el experto, los episodios de pérdida de conocimiento hipóxico afectan especialmente a los hombres menores de 40 años y en buena forma física.
De hecho, estar formado puede ayudar a que el buceo en apnea se perciba como más fácil y a ir más allá de los propios límites de forma inconsciente. El entorno de la piscina también puede crear una falsa sensación de seguridad: el agua es poco profunda, hay otras personas y parece que lo tienes todo bajo control.
Pero una repentina pérdida del conocimiento bajo el agua cambia la situación por completo.
Otro elemento a considerar es el llamado reflejo de inmersión. El contacto del agua, especialmente si está fría, con la cara y las fosas nasales activa una respuesta automática del cuerpo que conduce, entre otras cosas, a una desaceleración del ritmo cardíaco y a una redistribución del flujo sanguíneo hacia órganos esenciales como el corazón y el cerebro.
Esta respuesta puede cambiar la percepción del esfuerzo durante la inmersión. En algunas personas, especialmente en presencia de enfermedades cardíacas, también pueden ocurrir arritmias u otros problemas cardiovasculares.
El retos entre amigos
“¿Quién puede permanecer más tiempo bajo el agua?”. Puede parecer un juego inofensivo, especialmente entre niños y adultos jóvenes. En realidad, la propia competición puede empujarnos a ignorar las señales del cuerpo y continuar buceando en apnea cuando ya sería necesario respirar. El riesgo aumenta aún más si, antes de la inmersión, se recurre a la hiperventilación para intentar resistir más tiempo.
Por ello, Ulss 6 Euganea nos invita a no transformar la apnea en una competición y a no fomentar juegos basados en la resistencia bajo el agua.
Se debe prestar especial atención a los niños y adolescentes, a quienes es importante explicarles que una competición para ver quién puede permanecer más tiempo bajo el agua no es un juego seguro.
Las reglas fundamentales para evitar accidentes
El mensaje de los expertos es muy claro: el buceo en apnea no se debe improvisar en la piscina ni en ningún otro lugar.
Es especialmente importante: