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India quería poner una pegatina roja en las patatas fritas y en las bebidas, pero los lobbys alimentarios se opusieron

¿Qué tan fácil debe ser entender, en el supermercado, si lo que vamos a comprar contiene demasiada azúcar, sal o grasas? En la India, esta cuestión está en el centro de un enfrentamiento entre las autoridades sanitarias, los activistas y la industria alimentaria. El gobierno quería introducir señales de advertencia claramente visibles en los envases, pero los lobbies de la industria se opusieron, argumentando que estas etiquetas serían ineficaces y engañosas.

Reuters reconstruyó lo que ocurrió detrás de escena, examinando grabaciones de audio de la reunión entre el regulador y representantes de la industria, así como cientos de documentos y testimonios de ejecutivos y expertos. Una historia que vuelve a poner en primer plano el tema de la transparencia de los alimentos envasados ​​y las diferencias entre lo que venden las multinacionales en distintos países.

Para comprender el problema, basta con empezar con una lata de Fanta. Según la investigación publicada por Reuters, una lata vendida en Londres contiene 63 calorías, mientras que la misma marca comercializada en India contiene alrededor de tres veces más azúcar. Además, la fórmula india incluye colorantes artificiales que en Europa requerirían una estricta advertencia sanitaria, mientras que en India sólo están indicados con caracteres microscópicos en el reverso de la lata.

Esto no significa que la bebida esté prohibida, pero resalta un enorme doble rasero: los ingredientes, las cantidades y el nivel de transparencia ofrecidos a los consumidores varían radicalmente según el mercado y las regulaciones locales. Una disparidad que explica por qué el regulador indio estaba tratando de enmendar la situación.

India quería poner una pegatina roja en el embalaje

Durante años, el regulador indio, la Autoridad de Normas y Seguridad Alimentaria de la India (FSSAI), ha estado discutiendo la introducción de información nutricional más visible en el frente de los paquetes.

El objetivo es simple: permitir que los compradores comprendan rápidamente si un producto contiene altas cantidades de azúcar, sal o grasa, sin tener que voltear el paquete y leer una larga tabla nutricional.

El sistema que se está considerando presenta advertencias de colores, y el rojo se utiliza para señalar niveles altos de ciertos nutrientes. Una especie de semáforo nutricional capaz de atraer inmediatamente la atención del consumidor.

Sistemas de etiquetado interpretativo de este tipo ya están presentes, de diferentes maneras, en diversos países. Según Reuters, alrededor de 20 países han adoptado etiquetas frontales que ayudan a interpretar la información nutricional, destacando, por ejemplo, los altos contenidos de azúcar en rojo.

¿Qué pasó entonces en la India? Ha llegado la presión de los lobbys alimentarios. La cuestión se volvió particularmente interesante después de una reunión el 19 de marzo entre el regulador indio y representantes de la industria alimentaria.

Reuters pudo revisar grabaciones de audio y documentos de la reunión e informes de que representantes de la industria objetaron las etiquetas de advertencia, argumentando que podrían ser confusas e ineficaces. Las empresas también pidieron al regulador que se centrara más en el control de las porciones que en los símbolos y advertencias en el frente de los paquetes.

Durante la reunión, Mili Bhattacharya, alto ejecutivo de Coca-Cola India, cuestionó la utilidad de las etiquetas, argumentando que sería demasiado simplista pensar que un símbolo en el paquete podría cambiar significativamente los hábitos de una persona que aún no lee las listas de ingredientes.

En agosto, la FSSAI dijo que había abandonado la propuesta de introducir advertencias de colores en el frente de los paquetes. En su lugar, propuso una solución claramente menos inmediata: una tabla nutricional en blanco y negro con información sobre azúcares, grasas y sal. Y aquí surge uno de los aspectos más controvertidos de la historia: la propuesta del regulador fue reducida después de que la industria expresara una fuerte oposición.

La autoridad argumentó que las etiquetas de colores no tenían suficientemente en cuenta las características de la cocina india, que según el regulador utiliza sabores más intensos que la cocina occidental. Sin embargo, la decisión acabó siendo examinada por el Tribunal Supremo indio tras un recurso presentado por activistas de la salud pública.

También hay una razón muy real por la que las etiquetas de color podrían preocupar a la industria. Casi el 80% de los productos del mercado de alimentos y bebidas envasados ​​de la India, valorados en más de 100.000 millones de dólares, podrían considerarse ricos en grasas, azúcar y sal, según estimaciones citadas por Reuters.

En la reunión de marzo, Deepak Jolly, de la Asociación India de Alimentos y Bebidas, señaló que, con un sistema de advertencia de color, los envases de alimentos correrían el riesgo de quedar prácticamente “inundados de rojo”.

La paradoja de las etiquetas: en Europa sí, en India no

Hay un aspecto de la historia que te hace pensar. Las mismas multinacionales que se opusieron a las etiquetas de advertencia en la India utilizan sistemas similares en otros mercados.

Coca-Cola, junto con sus socios embotelladores, ha introducido voluntariamente etiquetas con semáforos en unas dos docenas de mercados europeos. Como informa Reuters, Coca-Cola HBC los considera una herramienta capaz de ofrecer a los consumidores información nutricional clara y transparente.

Nestlé también utiliza en el Reino Unido desde 2013 un sistema interpretativo de etiquetado nutricional, que permite identificar más rápidamente el contenido de determinados nutrientes.

Por lo tanto, el contraste es claro: en algunos países hay información nutricional más inmediata y fácilmente legible, mientras que en la India el intento de introducir advertencias frontales más visibles ha sido fuertemente cuestionado por la industria.

Coca-Cola y Nestlé, entrevistados por Reuters, no quisieron comentar sobre el asunto específico relativo a la India.

El “doble rasero” de las recetas

Fanta no es un caso aislado. Como informa Reuters, las multinacionales suelen adaptar las recetas de sus productos a diferentes mercados, una práctica que alimenta el descontento de los consumidores en la India.

El caso de los KitKats es emblemático: los que se venden en la India contienen un 4,5% de sólidos de cacao, frente al al menos un 22% de la versión australiana. Los fideos Maggi para el mercado indio también utilizan aceite de palma, mientras que en el Reino Unido muchas versiones se elaboran con aceite de girasol.

Una diferencia que afecta incluso a los alimentos para bebés: el Cerelac de Nestlé se vende en la India desde hace décadas con azúcares añadidos, mientras que la versión sin azúcar ya estaba disponible en otros países. Recién en 2024 la compañía anunció la introducción de la fórmula sin azúcar también en la India.

El juego de las etiquetas no ha terminado

La cuestión aún está siendo examinada por la Corte Suprema de la India, y lo que está en juego es dramático. Detrás de los tecnicismos de las etiquetas se esconde una emergencia sanitaria sin precedentes: según un estudio publicado en la revista The Lancet, en 2050 aproximadamente 450 millones de indios podrían sufrir obesidad o sobrepeso.

En este escenario, la discusión va más allá de los límites de una simple etiqueta roja en un paquete de patatas fritas. En el centro hay un principio fundamental: cuando un alimento industrial está saturado de azúcares, sal o grasas, ¿qué tan inmediato debe ser que el consumidor lo note antes de ponerlo en el carrito? La respuesta a esta pregunta no sólo definirá las reglas del mercado, sino también el destino sanitario de las próximas generaciones.