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Si te levantas cansado puede deberse al error de hidratación que cometes por la noche

¿Te levantas de la cama después de ocho horas de sueño y sientes que tienes el peso del mundo sobre tus hombros? El cansancio matutino representa un problema muy extendido y a menudo subestimado. Entre las causas, hay una en la que probablemente nunca hayas pensado: el error que cometes con la hidratación nocturna.

El vínculo entre la hidratación y la calidad del sueño

Durante la noche el cuerpo sigue perdiendo líquidos a través de la respiración y la transpiración. Cuando nos despertamos nos encontramos naturalmente en un estado de deshidratación leve, lo que contribuye a la sensación de mareos y fatiga. El cerebro está compuesto en un 75% por agua e incluso una ligera falta de líquidos compromete las funciones cognitivas, provocando esa niebla mental que caracteriza las primeras horas de la mañana.

Un estudio publicado en la revista Sleep demostró que dormir solo seis horas o menos tiene muchas más probabilidades de provocar una mala hidratación que dormir al menos ocho horas. La investigación involucró a adultos estadounidenses y chinos y destacó cómo la duración del sueño se asocia con marcadores urinarios de deshidratación.

Por si fuera poco, nuevas investigaciones han revelado cómo la ingesta de líquidos tiene una correlación positiva con la duración de la fase REM del sueño, con la duración total del sueño y es un parámetro decisivo para la eficiencia del descanso, aspecto que sugiere cómo la cantidad de agua consumida puede influir en la propia calidad del sueño.

El error que cometes por la noche.

Muchas personas evitan por completo beber por la noche por miedo a tener que levantarse durante la noche. Una elección que, aunque parezca lógica, produce el efecto contrario: el cuerpo llega al final del día ya deshidratado y pasa las horas de la noche en estado de carencia de agua. Por la mañana, la deshidratación acumulada se manifiesta con cansancio, dificultad para concentrarse y mal humor.

Las investigaciones han demostrado que la deshidratación produce efectos significativos sobre el estado de ánimo, con especial impacto en los parámetros relacionados con el ciclo sueño-vigilia, provocando aumento de la somnolencia, la fatiga y la confusión.

Otro error muy común es beber cantidades excesivas de agua inmediatamente antes de acostarse. Este hábito estimula la producción de orina, provocando múltiples despertares nocturnos que fragmentan el sueño e impiden que se completen los ciclos naturales de descanso.

La estrategia correcta para la hidratación nocturna.

La clave, como siempre, está en el equilibrio. Los expertos recomiendan distribuir la ingesta de líquidos a lo largo del día, evitando tanto la privación nocturna como el exceso concentrado. Durante el día se debe consumir al menos dos litros de agua, distribuidos en pequeños y constantes sorbos.

Por la noche, lo ideal es beber el último vaso de agua una o dos horas antes de acostarse. Esta ventana de tiempo permite al cuerpo absorber líquidos y a los riñones procesarlos, de modo que se reduce la necesidad de levantarse durante la noche. La cantidad recomendada es de 250 ml aproximadamente, equivalente a un vaso estándar.

La temperatura del agua también es un aspecto a tener en cuenta, porque el agua a temperatura ambiente se absorbe más rápidamente, mientras que el agua caliente ofrece beneficios adicionales: favorece la circulación sanguínea, relaja los músculos del sistema digestivo y prepara el cuerpo para la relajación necesaria para un buen descanso. Puedes agregar una rodaja de limón para hacerlo más apetecible, solo recuerda evitar el azúcar y la cafeína.

Reconocer los signos de deshidratación nocturna

Si sientes boca seca, dolor de cabeza, confusión o irritabilidad por la mañana, probablemente tu cuerpo sufrió deshidratación durante la noche. Otros indicadores pueden incluir orina de color oscuro al despertar y piel menos elástica, signos que sugieren la necesidad de aumentar la hidratación durante el día y mantener una cantidad moderada de líquidos incluso por la noche.

Durante los meses de verano o en ambientes especialmente calurosos, la pérdida de líquidos aumenta debido a la sudoración nocturna: en estos casos, beber antes de dormir se vuelve aún más importante para prevenir la deshidratación y garantizar un descanso de calidad.

Hidratación y función cerebral matutina.

El cerebro depende en gran medida de la hidratación para funcionar correctamente, ya que la deficiencia de agua reduce el volumen celular y perjudica la actividad neuronal. Al despertar, cuando el cerebro debe “encenderse” después de horas de descanso, la disponibilidad de líquidos se vuelve muy importante para restablecer rápidamente las funciones cognitivas.

Beber un vaso de agua nada más levantarte es el primer paso para reactivar tu metabolismo y aportar energía inmediata a tu cerebro. Esta práctica, combinada con una correcta hidratación nocturna, creará un círculo virtuoso que mejorará la calidad del despertar.