Federica Pellegrini vivió una noche de terror junto a su hija Matilde, azotada por convulsiones febriles. En su relato, compartido en las redes sociales acompañado de una foto de ella con su hija acostada en una cama de hospital, la campeona deja al descubierto la fragilidad emocional de esos momentos, escribiendo:
Querido diario… cuando suceden estas cosas entiendes que lo demás es superfluo…
Lamentablemente no es la primera vez que se encuentra en esta situación con su hija y esto ha hecho que todo sea más angustioso:
¡Es la tercera vez que sucede y cada vez significa perder años y años de vida por el miedo!
Los interminables minutos de la crisis
El episodio ocurrió mientras la pequeña dormía, detalle que impidió a los padres intervenir de inmediato con antipiréticos.
Estaba durmiendo, así que no le pusimos la Tachipirina inmediatamente y al minuto entró en confinamiento… Ojos arriba, cabeza hacia atrás y respiración que poco a poco se detuvo…. La despertamos al rato (pero nos pareció toda una vida) con una toalla mojada, intentando bajar la temperatura.
El viaje al hospital con mi abuela.
El viaje al hospital fue tenso. Junto a Federica estaba, una presencia fundamental en la vida de Matilde, quien intentaba consolar a su sobrina cantando sus melodías favoritas, mientras el miedo seguía apretando el pecho de todos.
Mientras tanto, Matteo Giunta, el padre de la pequeña, interrumpió sus compromisos en Polonia para unirse inmediatamente a la familia. Federica lo cuenta así:
Estamos aquí para ella… esperando volver a casa.
A pesar del alivio por la mejoría de la pequeña, Federica sigue decidida a comprender las causas de estos episodios llevando a cabo todas las investigaciones necesarias. La campeona deja entrever su cansancio acumulado y las ganas de que todo esto acabe pronto comentando:
Esperemos que no vuelva a suceder, corazón mío.
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¿Qué son las convulsiones febriles y sus causas?
Matilde sufrió, como anticipaba su madre, convulsiones febriles. Se trata de episodios repentinos que pueden ocurrir en niños, típicamente entre las edades de 6 meses y 5 años, cuando la temperatura corporal aumenta rápida y abruptamente. Aunque dan mucho miedo observarlos, en la mayoría de los casos son benignos y no dejan consecuencias neurológicas.
A menudo se manifiestan como rigidez del cuerpo, pérdida del conocimiento, movimientos involuntarios de las extremidades, ojos vueltos hacia arriba y respiración irregular. La causa principal no es tanto el valor absoluto de la fiebre, sino el rápido aumento de la temperatura, que puede desencadenar una respuesta eléctrica anormal en el cerebro inmaduro de los niños.
La predisposición familiar, las infecciones virales frecuentes en la infancia y la fatiga del sistema inmunológico pueden contribuir. Aunque el episodio suele durar unos minutos, para los padres puede parecer eterno: por eso es importante mantener la calma, colocar al niño de lado, no meter nada en la boca y esperar a que la crisis se resuelva, antes de acudir a urgencias para las pruebas necesarias, como hizo Pellegrini.