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Te explico por qué las latas de Bisfenol A prohibidas por la UE siguen en los supermercados italianos (y permanecerán allí durante años)

¿Has ido de compras recientemente y te has preguntado por qué las latas de garbanzos, judías, lentejas o tus bebidas energéticas favoritas siguen ahí, tranquilamente en las estanterías? La Unión Europea ha prohibido oficialmente el bisfenol A (comúnmente conocido como BPA) en todos los materiales en contacto con los alimentos, pero todavía es posible encontrarlo en abundancia en los supermercados italianos y europeos. Esto no es una violación de las reglas, es simplemente la forma en que funciona la transición regulatoria.

Intentemos comprenderlo mejor.

Qué es el bisfenol A y por qué Europa ha decidido prohibirlo

El bisfenol A es una sustancia química utilizada desde hace décadas en la producción de plásticos y resinas. Se encuentra en los revestimientos internos de las latas de metal (las que utilizamos para conservar legumbres, tomates, pescado), pero también en botellas de plástico reutilizables, bebidas energéticas y muchos otros envases de alimentos. El problema es que esta molécula no permanece pasivamente en su recipiente, sino que puede migrar a los alimentos y, desde allí, entrar en nuestro organismo.

Los efectos sobre el organismo humano se han estudiado durante años y el panorama que surge es preocupante. El BPA es un disruptor endocrino, es decir, una sustancia capaz de alterar el funcionamiento del sistema hormonal. La exposición prolongada se ha asociado con problemas de fertilidad, disfunción del sistema inmunológico, un mayor riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares e incluso efectos adversos en el desarrollo cerebral de los niños.

Teniendo en cuenta todo esto, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha revisado drásticamente a la baja la dosis diaria tolerable, considerando que incluso cantidades muy pequeñas pueden tener efectos sobre el sistema inmunológico.

La decisión llegó en diciembre de 2024: con el Reglamento UE 2024/3190, se prohibió el BPA en envases, contenedores, utensilios de cocina y dispensadores de agua. La prohibición entró oficialmente en vigor el 20 de enero de 2025 y, aunque no es una medida innovadora (Francia ya había prohibido el bisfenol A en todos los envases de alimentos en 2013), sigue siendo un paso importante.

Entonces, ¿por qué todavía hay productos con BPA en los estantes?

Aquí es donde entra en juego la lógica de la transición industrial. Prohibir una sustancia no significa que todos los productos que la contienen desaparecerán de la noche a la mañana. La normativa europea prevé diferentes periodos de adaptación en función del tipo de producto.

Para la mayoría de los materiales de un solo uso, como las latas de refrescos y bebidas energéticas, la fecha límite para comercializarlos sin BPA es el 20 de julio de 2026. Después de esta fecha, los fabricantes ya no podrán suministrar a los supermercados lotes que contengan BPA.

Para productos más complejos, como latas para enlatar tomates, frutas, verduras, atún y otros alimentos ácidos o grasos, el plazo de cumplimiento es más largo, hasta el 20 de enero de 2028, ya que la sustitución del revestimiento interno requiere pruebas más largas para garantizar su estanqueidad.

Los productos que ya están en los almacenes se pueden vender hasta que se agoten, por lo que siendo realistas todavía podremos encontrar latas de “vieja generación” en 2026 para bebidas y hasta 2029 para conservas.

Esta es una ventana de tiempo que la Unión Europea consideró necesaria para evitar crear interrupciones traumáticas en la cadena de producción y distribución. Una elección comprensible desde un punto de vista industrial, pero que deja a los consumidores en una zona gris bastante larga.

Incluso el especialista en enfermedades infecciosas Matteo Bassetti recordó en un post los riesgos de los productos envasados ​​en latas con BPA.

¿Qué podemos hacer mientras esperamos?

Mientras se espera que se retiren del mercado todas las latas con BPA, orientarse no es fácil. Algunos fabricantes ya se han anticipado a los tiempos, adoptando recubrimientos alternativos y comunicándolo en la etiqueta con palabras como “libre de BPA”. Vale la pena buscarlos. Al mismo tiempo, conviene saber que los mayores riesgos derivan de una exposición prolongada y acumulativa: reducir el consumo habitual de alimentos enlatados, preferir productos frescos o de vidrio cuando sea posible y almacenar los restos de comida fuera de la lata original son pequeñas medidas que pueden marcar la diferencia.

Sin embargo, hay otro aspecto que merece atención: muchos fabricantes, para sustituir al BPA antes de que entrara en vigor el reglamento, ya han introducido otras sustancias de la misma familia química, como el bisfenol S. El problema es que estudios recientes sugieren que estas alternativas podrían tener efectos tóxicos similares, si no más graves. La Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) está considerando restricciones más amplias para toda la familia de los bisfenoles, y también podrían adoptarse nuevas medidas para estos compuestos.

La prohibición del bisfenol A es, por tanto, un hito importante, pero no es el final de la historia. Es el comienzo (con suerte) de una regulación más amplia y valiente de todos los disruptores endocrinos presentes en los envases de alimentos.