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Estas 4 frases ayudan a los finlandeses a ser las personas más felices del mundo (y pueden traer más felicidad a su vida)

Desde hace nueve años, Finlandia se confirma como el país más feliz del mundo, al menos según Informe sobre la felicidad mundialque cada año recoge las opiniones de habitantes de todo el mundo sobre el bienestar y la felicidad percibida.

El récord del país del norte de Europa lleva cada vez a más personas a preguntarse cuál es el “secreto de la felicidad” celosamente guardado por los finlandeses y si hay algo que también nosotros, a nuestra pequeña manera, podemos hacer cada día para traer más felicidad a nuestras vidas.

El primer secreto, observando el estilo de vida de los finlandeses, es el siguiente: como lo demuestra un estudio, cuanto más persigues la felicidad, menos feliz eres.

Gran parte de la felicidad de los finlandeses depende de los niveles percibidos de bienestar y seguridad, de la buena calidad de vida y de las infraestructuras que el Estado pone a disposición de sus ciudadanos, pero hay más.

La cultura y los valores también juegan un papel clave en cómo afrontar la vida y los acontecimientos inesperados que suceden, y los queridos finlandeses parecen ser maestros en esto.

He aquí algunos refranes y lemas relacionados con la felicidad en los que los finlandeses basan su existencia, que también nosotros podemos introducir en nuestra vida para hacerla más feliz.

Quien tenga felicidad que la oculte.

Este lema del poeta finlandés Eino Leino (1878-1926) sugiere que evitemos exhibiciones dramáticas de éxito y riqueza, algo que todos en Finlandia hacen.

De hecho, en el país es raro encontrar coches caros aparcados en las calles, o ver gente vestida con ropa de diseño que cueste cientos de euros.

Incluso en los barrios más ricos de las ciudades, la gente adinerada tiende a conducir coches pequeños y vestir ropa que no es demasiado cara.

¿Pero cuál es el significado de esto? La comparación constante con los demás -ya sea por razones económicas, culturales o laborales- siempre genera infelicidad y un sentimiento de insuficiencia.

Por eso, tener un estilo de vida marcado por la moderación y la sobriedad, independientemente de las posibilidades económicas reales, contribuye a la felicidad propia y de los demás.

El pesimista nunca quedará decepcionado

También existe en italiano una versión de este viejo dicho finlandés: “Nunca te equivocas cuando piensas mal”. Podríamos pensar que esta visión pesimista de la vida nos aleja de alcanzar la felicidad, pero en realidad es exactamente lo contrario.

Nuestra infelicidad deriva, de hecho, de la discrepancia entre la vida que imaginamos y la vida que realmente nos sucede: nos gustaría que las cosas fueran de cierta manera y somos infelices cuando esto no sucede.

Nos gustaría que las personas que nos rodean se comportaran según nuestra forma de pensar, y nos decepcionamos cuando vemos que toman decisiones contrarias a nuestra forma de ver la vida.

En otras palabras, tenemos grandes expectativas sobre los acontecimientos y las personas, expectativas que a menudo se ven decepcionadas porque la vida nunca transcurre según nuestros planes (¡afortunadamente!).

Si, por el contrario, aceptamos las dificultades y los problemas como parte inevitable de nuestro estar en el mundo, centrándonos en lo que todavía está dentro de nuestras posibilidades y es mejorable, nuestro nivel de felicidad aumentará considerablemente.

En definitiva, preparémonos para lo peor, para poder acoger con los brazos abiertos todo lo que la vida nos depare.

Cada uno es el herrero de su propia felicidad.

Este lema tiene sus raíces en el fatalismo de la antigua Roma, cuando cada uno era considerado responsable y creador de su propio destino (Faber est suae quisque luckye), y nos recuerda que debemos esforzarnos cada día en forjar nuestra felicidad.

En lugar de esperar pasivamente a que algo suceda, a que se manifiesten las condiciones ideales para nuestro bienestar y felicidad, comprometámonos concretamente para que nuestro éxito se manifieste, para que nuestras metas se realicen.

Nosotros mismos provocamos los acontecimientos que pueden llevarnos a la felicidad, asumiendo nuestras responsabilidades y convirtiéndonos en protagonistas de nuestra vida.

Algunos tienen felicidad, todos tienen verano.

El último lema que sugerimos en este artículo todavía se refiere a la copresencia, dentro de nuestra existencia, de acontecimientos que podemos controlar y otros que están fuera de nuestro control, por los cuales no debemos angustiarnos.

Si bien hay muchos aspectos de nuestras vidas en los que podemos influir o cambiar, también hay muchas cosas que simplemente no podemos controlar y por las que no tiene sentido preocuparnos o enojarnos.

No tiene sentido envidiar a quienes están felices en este momento, mientras vivimos un momento difícil. Si hoy vivimos un momento de dolor, siempre podemos contar con una cosa: tarde o temprano llegará el verano para todos nosotros.

Por qué Italia no es Finlandia (y por qué no es un problema)

Comparar Italia con Finlandia en términos de felicidad corre el riesgo de ser engañoso. Los dos países parten de condiciones profundamente diferentes: estructura de bienestar, confianza en las instituciones, distribución de la riqueza, pero también clima, geografía y hábitos cotidianos. En Finlandia la calidad de vida está respaldada por un sistema que reduce la incertidumbre, mientras que en Italia la complejidad -económica y social- es mucho mayor.

Sin embargo, esto no significa ser “menos capaz” de ser feliz. Más bien, significa que la felicidad se construye de diferentes maneras. En Italia pesa más la dimensión relacional, la familia, la socialidad generalizada; En Finlandia la autonomía, la estabilidad y la confianza colectiva importan más. No existe un modelo universal que replicar, sino contextos que influyen profundamente en la forma en que percibimos el bienestar.

Lo que realmente podemos copiar (y lo que no)

El error más común es pensar que se puede importar la felicidad finlandesa como si fuera una receta. En realidad, lo que funciona allí no siempre es transferible a otros lugares. No podemos replicar en unos pocos años un sistema de bienestar o un nivel de confianza social construido durante décadas. Asimismo, no podemos imitar un estilo de vida que también surge de condiciones climáticas y culturales muy específicas.

Lo que podemos hacer en cambio es observar algunas actitudes básicas: sobriedad en el consumo, menos obsesión por la comparación social, capacidad de aceptar la incertidumbre sin transformarla en ansiedad constante. Son elementos adaptables, que no nos exigen cambiar de país sino modificar, al menos en parte, nuestro modo de actuar diario. Más que copiar, se trata de filtrar y traducir.

Felicidad vs bienestar: no son lo mismo

Cuando hablamos de los “países más felices del mundo”, suele confundirse felicidad y bienestar. El Informe Mundial sobre la Felicidad no mide simplemente qué tan alegres o satisfechas se sienten las personas a corto plazo, sino que tiene en cuenta factores estructurales como la seguridad económica, los servicios públicos, el apoyo social y la libertad individual.

La felicidad, entendida como emoción, es por naturaleza inestable e intermitente. El bienestar, en cambio, es una condición más amplia y duradera, que crea las bases para que la felicidad surja con mayor continuidad. En este sentido, Finlandia no es tanto el país “más feliz” sino uno de aquellos en los que es más fácil vivir sin una carga constante de estrés, precariedad y desconfianza. Y quizás ésta sea la diferencia que realmente importa.