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Belleza y delgadez: para 1 de cada 4 adolescentes son lo mismo y la salud no tiene nada que ver

El mundo de los adolescentes está cada vez más bajo presión, y entre los desafíos emergentes, la relación con el propio cuerpo y la propia imagen juegan un papel crucial. Un estudio reciente, realizado por The Bridge Foundation en el marco del proyecto Food For Fine de Terre des Hommes Italia, apoyado por Con i bambini, arroja una luz alarmante sobre esta realidad. La investigación, titulada “En busca de la perfección: el bienestar psicológico de los adolescentes lombardos contado por niñas y niños”En el encuentro participaron 415 estudiantes y 69 profesores de escuelas secundarias de Milán, Monza, Como, Varese y Lecco, revelando un cuadro de malestar profundo y generalizado.

El cuerpo: un terreno de malestar y de búsqueda de la “delgadez” ideal.

Para muchos jóvenes, el cuerpo se ha convertido en un campo de batalla, una entidad que hay que medir, corregir y controlar en una búsqueda constante de modelos de perfección a menudo inalcanzables. La encuesta destaca cómo la autoimagen, la presión estética, la comparación en las redes sociales y la exposición a contenidos digitales influyen fuertemente en el bienestar de los adolescentes, con un impacto particularmente severo en las niñas.

El hecho más emblemático es que para uno de cada cuatro adolescentes un cuerpo bonito es ante todo “delgado”. El término aparece 94 veces cuando se pide a los estudiantes que asocien dos palabras con la idea de un “cuerpo hermoso”. Un dato preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta que sólo el 20% de los jóvenes asocia un cuerpo bonito con la salud. Aunque el 77% practica actividad física, el deseo de mejorar o mantener la forma física va de la mano del placer, indicando una clara atención a la estética.

El peso aplastante de la presión estética sobre las niñas

La brecha de género es uno de los aspectos más evidentes que surgieron de la investigación. Las niñas reportan niveles significativamente más bajos de bienestar psicológico que sus pares masculinos en casi todas las dimensiones examinadas: satisfacción corporal, serenidad en la relación con la comida y bienestar psicológico general. El índice de satisfacción corporal de las niñas se sitúa en un alarmante 2,47 sobre 5 (muy por debajo del problemático umbral fijado en 3), frente al 2,99 de los niños, que aunque frágil, se acerca más a lo suficiente. El bienestar psicológico de las niñas, con un índice de 2,87, también está por debajo del umbral, mientras que para los niños alcanza el 3,29. La presión sobre la imagen corporal es, por tanto, una realidad que afecta a toda la población adolescente, pero pesa desproporcionadamente sobre las mujeres jóvenes.

La alimentación: de alimento a fuente de ansiedad y liberación

Si para muchas personas la comida sigue asociada al placer y a la nutrición (el 59,5% la vincula a palabras como “pizza”, “gusto”, “hambre”; el 54% a “bien”, “felicidad”), un dato igualmente significativo es que para aproximadamente uno de cada cinco adolescentes (20,5%) la comida está asociada al malestar, la ansiedad, el miedo o el desahogo. A esto se suma otro 13,7% que lo asocia con el control de peso, las calorías o la dieta. La exposición al contenido social juega un papel clave: los adolescentes que ven anuncios de dietas o suplementos con mayor frecuencia reportan puntuaciones de bienestar psicológico más bajas, una señal clara de hasta qué punto las redes sociales pueden alimentar una imagen de mayor fragilidad.

Aproximadamente la mitad de los adolescentes conocen a compañeros que utilizan suplementos para perder peso o mejorar la apariencia física, pero sólo el 18% admite utilizarlos directamente. Esto pone de relieve una percepción generalizada, pero también una reticencia a la hora de admitirlo personalmente, tal vez debido al estigma.

Docentes en primera línea, pero sin la formación adecuada

La escuela emerge como uno de los principales observadores del malestar adolescente. El 92,8% de los profesores notó un aumento de las dificultades de concentración, el 85,5% notó episodios depresivos y el 79,7% un aumento de los ataques de pánico. Aún más preocupante es el hecho de que casi 7 de cada 10 docentes han tenido casos sospechosos o diagnosticados de trastornos alimentarios en sus aulas en los últimos tres años. Sin embargo, se evidencia una grave falta de formación: casi el 50% de los profesores admite saber “poco” o “nada” sobre el tema de los trastornos nutricionales, y sólo el 5,8% ha recibido formación específica por iniciativa de la escuela.

Como señala Luisa Brogonzoli, coordinadora del Centro de Estudios de Fundación The Bridge:

El malestar está más extendido de lo que los adultos perciben y no se trata de insatisfacciones pasajeras ni de caprichos, sino de señales sistémicas que ponen en cuestión a la escuela, a las familias y a los servicios. La escuela representa un observatorio insustituible, pero los datos sobre los profesores son tan preocupantes como los de los estudiantes: saben que el problema existe, pero a veces sienten que no tienen las herramientas necesarias. El conocimiento y la formación son el primer acto de prevención

Federica Giannotta, jefa de Promoción y Programas Italianos de la Fundación ETS Terre des Hommes Italia, añade:

Estos datos nos dicen que, para muchos adolescentes, el cuerpo se ha convertido en un terreno de esfuerzo, comparación y control: no hablamos sólo de nutrición, sino de autoimagen, autoestima, presión estética, redes sociales y modelos de perfección muchas veces inalcanzables. Los datos sobre las niñas, en particular, exigen que intervengamos pronto. La escuela es un lugar fundamental para interceptar estas señales, pero no se puede dejar sola. Food For Fine nace precisamente por eso, para prevenir y combatir los trastornos nutricionales y alimentarios entre los adolescentes antes de que el malestar se convierta en una emergencia.

Está claro que es necesario un compromiso sinérgico de todos los actores involucrados, para garantizar a los adolescentes las herramientas y el apoyo necesarios para afrontar los desafíos de la imagen corporal y promover un bienestar psicológico auténtico y duradero.