Las crespelle son un plato versátil que se presta a muchas interpretaciones, desde las versiones más clásicas hasta las enriquecidas con ingredientes de temporada. Esta variante está pensada para el otoño y combina algunos sabores típicos de esta época: el dulzor de la harina de castaña y la calabaza, el aroma de las setas y la cremosidad del stracchino.
Una receta deliciosa pero a la vez rica en ingredientes interesantes desde el punto de vista nutricional, perfecta para llevar a la mesa un plato completo y con sabores típicamente otoñales.
Ingredientes:
El perfil nutricional de los crepes con harina de castañas, calabaza y setas
Además del sabor, esta receta presenta un interesante equilibrio entre ingredientes energéticos y alimentos ricos en vitaminas, minerales y antioxidantes.
La harina de castaña es un alimento especialmente rico en hidratos de carbono complejos, especialmente almidones (unos 76,2 g por 100 g de producto), con una buena cantidad de proteínas (6,1 g por 100 g) y grasas (3,7 g por 100 g). También contiene sales minerales como potasio, magnesio, azufre, hierro y calcio, además de vitaminas del grupo B, vitamina C y vitamina PP.
La calabaza ayuda a aligerar el plato gracias a su bajo aporte calórico (unas 18 calorías por 100 g) y es fuente de antioxidantes y betacaroteno, precursor de la vitamina A utilizada por el organismo. También contiene vitamina C y varios minerales, incluidos potasio, fósforo y calcio.
Los champiñones también son alimentos bajos en calorías, sin grasas y ricos en minerales como el fósforo, el magnesio y el potasio. Aportan vitaminas del grupo B, vitamina D y vitamina E y representan una buena fuente de proteínas vegetales (unos 2,3 g por 100 g). Entre las sustancias presentes en los hongos también encontramos la lovastatina, un compuesto estudiado por su papel en el metabolismo del colesterol.