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Garrapata del bosque: cuidado, también es peligrosa para los humanos. Dónde está y cómo evitarlo

Entre los parásitos peligrosos que pueden transmitir enfermedades a humanos y animales se encuentra la garrapata de la madera (Ixodes ricinus), que se encuentra sobre todo en los caminos cubiertos de hierba y poco transitados de las distintas regiones de nuestro país (muy raro sólo en Cerdeña).

Las zonas que prefiere para vivir y proliferar son, como su nombre indica, los bosques, pero aquellos que se encuentran en altitudes no muy elevadas y siempre que tengan un buen sotobosque y un suelo que garantice un alto nivel de humedad.

Se trata de garrapatas de forma redondeada y consideradas “duras”, ya que están cubiertas por una especie de escudo que en el macho se encuentra en toda la superficie dorsal mientras que en la hembra cubre sólo la parte frontal.

Estas garrapatas se pueden encontrar en la tierra pero también en las hojas y la hierba esperando que un animal o un hombre se adhiera. Los riesgos más graves que trae el contacto con estos parásitos son la transmisión de microorganismos que pueden desencadenar patologías peligrosas como la enfermedad de Lyme y la meningoencefalitis transmitida por garrapatas-TBE.

¿Qué podemos hacer realmente para evitar que estos arácnidos arruinen nuestras salidas?

Precauciones útiles para evitar las garrapatas de la madera.

Si realizas excursiones o paseos por zonas con riesgo de garrapatas, lo mejor es seguir los consejos del Ministerio de Sanidad:

garrapata del bosque2

Qué hacer en caso de picadura y cómo quitar la garrapata

Si notas que hay un cuerpo extraño adherido a algún punto de tu piel debes comprobar inmediatamente, con una lupa o con la ayuda de otra persona, si efectivamente se trata de una garrapata.

En este caso hay que retirarlo inmediatamente, por lo que es menos probable que transmita algún patógeno (de hecho se tarda entre 36 y 48 horas). Para quitar la garrapata correctamente es necesario agarrarla bien con unas pinzas finas, asegurándose de no apretar demasiado para no romperla pero tirando de ella con cierta decisión y realizando un ligero movimiento de rotación.

Si queda parte de la tribuna (el órgano que utiliza la garrapata para fijarse) o la cabeza en el interior, se debe extraer con ayuda de una aguja esterilizada. En este punto solo queda lavar el lugar donde fue insertado con agua tibia y jabón para luego desinfectar.

Generalmente todo acaba aquí pero si dentro de 30-40 días aparecen síntomas de infección como fiebre, erupciones cutáneas en conjunto con el punto afectado por la garrapata, debilidad o inflamación de los ganglios linfáticos, lo mejor es consultar inmediatamente a su médico, informándole de lo sucedido.

Cuando las garrapatas están más activas

Las garrapatas no representan un riesgo uniforme a lo largo del año: su actividad sigue un patrón estacional preciso que es útil conocer. El período de mayor alerta va de abril a octubre, pero dentro de esta ventana hay dos momentos pico particularmente intensos. La primera se concentra en primavera, entre abril y junio, cuando las temperaturas suben y la humedad del sotobosque aún es elevada. El segundo se repite entre agosto y septiembre, con el regreso de las condiciones favorables tras el calor del verano. En los meses de invierno, la actividad se reduce drásticamente, pero no se elimina por completo en las zonas más suaves: incluso en este caso, la precaución nunca es excesiva.

Qué no hacer absolutamente en caso de picadura

Aunque la información disponible está cada vez más extendida, todavía existen algunos comportamientos incorrectos que muchas personas llevan a cabo de forma instintiva cuando encuentran una garrapata en su piel. Quemar la garrapata con una cerilla, cubrirla con aceite, vaselina u otros productos grasos, o aplastarla directamente con los dedos son prácticas que no sólo no ayudan, sino que empeoran la situación: estos métodos estresan al parásito, aumentando el riesgo de que regurgite y transmita más rápidamente cualquier patógeno. La única forma correcta de retirarla es con unas pinzas, con tracción firme y ligera rotación, sin comprimir el cuerpo de la garrapata.

Presta atención también a las mascotas.

Cualquiera que tenga un perro o un gato sabe bien con qué frecuencia estos animales regresan a casa llenos de parásitos después de un paseo por la naturaleza, convirtiéndose sin saberlo en un vehículo con el que las garrapatas entran en el hogar. Es fundamental inspeccionar detenidamente el pelaje del animal al regresar, prestando atención a las zonas más cálidas y resguardadas como el cuello, las axilas y las ingles. Paralelamente, siempre es aconsejable adoptar una protección preventiva con productos pesticidas veterinarios, disponibles en diferentes presentaciones, desde pipetas hasta collares, eligiéndolos de acuerdo con el veterinario en función de la temporada y de los hábitos del animal.