Es uno de los edulcorantes más comentados de los últimos años y ahora vuelve a estar en el punto de mira. En septiembre, la EFSA podría publicar un dictamen científico muy esperado en el contexto de la reevaluación de la sal de aspartamo-acesulfamo (E 962), proceso que también incluye el análisis de nuevos estudios disponibles sobre el aspartamo (E 951).
Sobre esta nueva posibilidad llama la atención Foodwatch, que junto con Yuka y La Ligue Contre le Cancer lanzaron en febrero de 2025 una petición – que recogió más de 400.000 firmas en Europa – para pedir a la Unión Europea que prohíba el aspartame.
Pero ¿qué podría pasar en los próximos meses? Y, sobre todo, ¿realmente estamos ante una nueva evaluación del aspartamo?
La EFSA está reevaluando la E 962
Partamos de un punto importante para entender la historia. La EFSA no está llevando a cabo una nueva reevaluación autónoma del aspartamo E 951, que ya fue sometido a una evaluación completa en 2013. En cambio, la Autoridad está trabajando en la seguridad de la sal de aspartamo y acesulfamo (E 962), una combinación de aspartamo y acesulfamo K.
Dado que los datos específicos sobre el E 962 son limitados, en este procedimiento también se tienen en cuenta los nuevos datos científicos disponibles sobre el aspartamo a partir de 2013. Y es precisamente este aspecto el que ha reavivado las expectativas de quienes llevan tiempo pidiendo medidas sobre el controvertido edulcorante.
Según Foodwatch, el dictamen completo podría publicarse en septiembre de 2026 y podría aportar nuevos elementos útiles también para decidir si se interviene sobre las condiciones actuales de uso del aspartamo.
¿Qué es el aspartamo y dónde se encuentra?
El aspartamo, identificado en la etiqueta con las siglas E 951, es un edulcorante artificial bajo en calorías con un poder edulcorante aproximadamente 200 veces mayor que el del azúcar.
En la Unión Europea se puede utilizar en varias categorías de alimentos y bebidas, incluidos refrescos, postres, dulces, lácteos, chicles, productos bajos en calorías y algunos productos destinados al control de peso. Su presencia deberá indicarse en la etiqueta mediante el nombre del aditivo o el número E 951.
A pesar de la controversia que lo rodea, el aspartamo todavía está autorizado en la UE.
Lo que estableció la EFSA en 2013
La última evaluación completa del aspartamo por parte de la EFSA se remonta a 2013. En aquella ocasión, la Autoridad concluyó que el edulcorante y sus productos de degradación no planteaban problemas de seguridad en los niveles de exposición considerados. La ingesta diaria admisible (IDA) se fijó en 40 mg por kilogramo de peso corporal al día, y este sigue siendo el umbral de referencia utilizado por la EFSA en la actualidad.
Mientras tanto, sin embargo, han surgido nuevos estudios y, sobre todo, ha cambiado el marco científico en torno a la sustancia.
Posible efecto cancerígeno y otros riesgos.
Uno de los pasajes que más reavivó el debate se remonta a 2023, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS clasificó el aspartamo como “posiblemente cancerígeno para los humanos”, colocándolo en el grupo 2 B. Esta clasificación, sin embargo, no equivale a decir que el aspartamo ciertamente cause cáncer en las dosis consumidas normalmente.
Ese mismo año, el JECFA, el comité conjunto de expertos de la FAO y la OMS en aditivos alimentarios, concluyó que no era necesario cambiar la IDA de 40 mg/kg de peso corporal por día. Se trata, por tanto, de dos evaluaciones que deben leerse juntas: la IARC evaluó principalmente el peligro intrínseco de la sustancia, mientras que el JECFA llevó a cabo una evaluación del riesgo relacionado con la exposición.
Desde entonces el debate científico no ha cesado. Algunos estudios publicados más recientemente también han planteado dudas sobre posibles asociaciones con diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros efectos sobre la salud.
Foodwatch cita, entre otros, algunos estudios publicados durante 2025 que destacan un posible aumento del riesgo de pubertad retrasada, diabetes tipo 2 y accidentes cerebrovasculares isquémicos, así como un impacto en la microbiota intestinal.
Sin embargo, es importante no convertir estos resultados en conclusiones definitivas sobre la salud humana. Y precisamente por eso será interesante el nuevo análisis de la EFSA: deberá evaluar exhaustivamente las nuevas pruebas disponibles e insertarlas en el marco del conocimiento existente.
¿Qué podría pasar?
Por lo tanto, el paso de septiembre no significa automáticamente que el aspartamo vaya a ser prohibido en Europa. Sin embargo, si la evaluación pusiera de relieve nuevos elementos capaces de modificar el marco de seguridad anterior, podría allanar el camino para una intervención reglamentaria. La propia Comisión Europea, en una respuesta de 2025 a la campaña impulsada por Foodwatch, Yuka y La Ligue Contre le Cancer, explicó que podría adoptar, si fuera necesario, medidas adecuadas de gestión de riesgos basadas en la reevaluación actualizada de la EFSA.
Por lo tanto, por ahora, el E 951 sigue autorizado y su IDA sigue fijada en 40 mg/kg de peso corporal por día. La verdadera novedad que se espera en los próximos meses será comprender si la evidencia recopilada durante la última década será suficiente para cambiar, aunque sea parcialmente, el marco regulatorio europeo.
Por eso septiembre podría ser un mes importante para el futuro del aspartamo.