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Vaya más allá de la felicidad: 6 cosas que hacer para mantener la paz y la satisfacción a largo plazo

Digámoslo de inmediato: aspirar a “la felicidad a toda costa” es la forma más rápida de sentirse fracasado. Mucho más sensato, sin embargo, es buscar algo que se asemeje a la satisfacción en la vida sólida, de esa que resiste incluso cuando el mundo decide hacer el mundo, o arruinar nuestros planes.

La psicóloga clínica Jennifer Guttman, que lleva más de veinte años trabajando con personas que siempre se sienten “insuficientes”, ha elaborado un método que dista mucho de los mantras motivacionales, el “pensar en positivo” o los consejos de barras. Su enfoque proviene de la terapia cognitivo-conductual y de cientos de historias reales: personas que lo intentaron todo, cometieron errores, se levantaron y al final aprendieron a ser autosuficientes.

El concepto es claro: no se puede controlar a los demás, ni el tráfico, ni el tiempo, ni al colega que respira ruidosamente. Pero puedes controlar cómo actúas. Y ahí es donde se construye la satisfacción en la vida. Guttman ha identificado seis técnicas, concretas y aplicables a cualquier persona, que le permiten sentirse eficaz, centrado y -una palabra un tanto rara hoy en día- realmente bien consigo mismo.

Deja de hacer suposiciones

¿Cuántas veces hemos decidido qué hacer en base a lo que “seguramente estamos pensando”?
Bueno, según Guttman es la receta perfecta para el autosabotaje. La cuestión es la siguiente: las acciones deben partir de hechos, no de películas mentales. Cuanto más nos acostumbramos a comprobarlos, más confianza tenemos. Y descubrimos que nueve de cada diez veces, la historia que imaginábamos no existía en absoluto.

Reducir la tentación de complacer a todos.

“Agradar a la gente” es una trampa: te hace decir siempre que sí, te hace sentir indispensable y te deja vacío.
Y no, no fortalece las relaciones. Simplemente te cansa más. Vivir auténticamente significa escuchar lo que uno quiere, no lo que los demás esperan de usted. Y ahí empiezan las relaciones sanas, aquellas en las que no hay que ganarse la presencia del otro con continuos sacrificios.

Enfrentar miedos

El miedo no debe ser “superado”: hay que comprenderlo, aceptarlo y transformarlo. Si lo evitas, crece. Si lo observas, se convierte en una señal: te dice que estás tocando algo importante para ti. Cada vez que te enfrentas a un pequeño miedo, expandes tu mundo. Y sobre todo, subes un nivel en la percepción que tienes de ti mismo.

Tomar decisiones sin esperar a tener una certeza absoluta (que nunca llegará)

¿Una de las razones por las que nos quedamos quietos? La idea de que existe una elección perfecta. Lástima que este no sea el caso. La verdad es que casi todas las decisiones (universidad, trabajo, ciudad, hogar) se pueden cambiar. Y cuanto más eliges, más te das cuenta de que tu autoestima no surge del resultado, sino de la acción.

Cierra lo que se abre

“Comenzar” es siempre la parte divertida. “Finishing”, en cambio, es para adultos. Guttman insiste mucho en este punto: completar una tarea, aunque sea pequeña, es una inyección muy potente de autoeficacia. Significa decirse a uno mismo: “Puedo contar conmigo mismo”. Y esto lo cambia todo.

Autorreforzarse

No, no basta con pensar “bien hecho por mí”. El cerebro quiere algo concreto: una entrada de teatro, una pizza humeante, un libro, un paseo con vistas al mar. Algo que diga claramente: “Hiciste algo difícil y mereces una recompensa”. Entrenar este tipo de refuerzo interno conduce a la mayor libertad: ya no depender del juicio de los demás para sentirse válido.

Una satisfacción en la vida que no está hecha de euforia, sino de estabilidad.

El método de Guttman no promete felicidad perpetua (afortunadamente). Promete algo más realista: una forma de resiliencia obstinada, que te permite seguir siendo tú mismo incluso cuando afuera hay caos.

Las seis técnicas funcionan porque cambian tu enfoque de lo que no puedes controlar a lo que puedes construir. Y cuando empiezas a aplicarlos, uno tras otro, descubres que la satisfacción en la vida no es una casualidad: es un hábito.