Cada verano vuelve una costumbre que se ha vuelto viral en las redes sociales: sumergir la frisella directamente en agua de mar antes de condimentarla con tomates cherry, mozzarella y aceite. Un gesto que para muchos recuerda imágenes de vacaciones, tradiciones de Apulia y sabores mediterráneos, pero que, según Matteo Bassetti, puede ocultar diversos riesgos para la salud.
Ver esta publicación en Instagram
El infectólogo, en un vídeo publicado en sus redes sociales, criticó esta práctica, calificándola de “nueva tendencia muy peligrosa” e instó a no confundir el encanto de la tradición con las condiciones higiénicas necesarias cuando se habla de nutrición.
“Cogemos una frisella, le ponemos un poco de mozzarella, un poco de tomates cherry y luego la mojamos en el mar salado”, explica Bassetti, mostrando el gesto que se ha convertido en un eslogan del verano. El problema, según el médico, es precisamente la idea de que el agua de mar pueda utilizarse como una especie de ingrediente o condimento natural.
“El hecho de que el mar sea salado no significa que sea seguro comerlo”, subraya el especialista en enfermedades infecciosas. De hecho, el agua de mar no está sometida a ningún control destinada al consumo alimentario y puede contener microorganismos, bacterias, virus, residuos orgánicos o sustancias contaminantes. A esto se suman los contaminantes ligados a las actividades humanas, como los desechos, el combustible y los residuos del tráfico marítimo.
“No sabemos qué hay en esa agua”, es el concepto reiterado por Bassetti, quien invita a evitar comportamientos aparentemente inofensivos pero sin garantías desde el punto de vista de la salud. De hecho, una playa de agua clara y frecuentada por muchos bañistas no equivale automáticamente a un ambiente estéril o adecuado para la preparación de alimentos.
El experto rechaza también el argumento que suelen utilizar quienes defienden esta costumbre: “Lo hacían nuestros abuelos”. Según Bassetti, la referencia a la tradición no es suficiente para que una práctica sea segura. Las condiciones ambientales, la contaminación del mar y los conocimientos científicos sobre la transmisión de infecciones han cambiado.
“Cada año vuelve el fenómeno del verano: alguien moja la frisella en el mar y luego se la come”, comenta en tono provocativo. “Si quieres hacerte daño, adelante”, añade, invitando a preparar la frisella de forma tradicional con agua potable.
El consejo del infectólogo es sencillo: la frisella puede seguir siendo un símbolo de la cocina mediterránea, pero para suavizarla es mejor utilizar agua segura y controlada. El mar, concluye Bassetti, está hecho para nadar, no para condimentar el almuerzo.
Nota sobre comentarios sociales
En los comentarios al vídeo hay quienes señalaron que la inmersión de la frisella pudo no haber tenido lugar en el mar, sino en una piscina. Un detalle que, de confirmarse, no cambiaría el problema de fondo: ni siquiera el agua de las piscinas está destinada al consumo alimentario. La presencia de cloro y otros productos utilizados para la desinfección lo hace inadecuado para mojar los alimentos destinados al consumo. En ambos casos, mar o piscina, el agua utilizada para preparar los alimentos debe ser siempre potable y controlada.