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Decathlon comercializará próximamente DeepFoil, el invento bretón para “volar bajo el agua”

Hay una forma diferente de estar en el agua que va emergiendo lentamente, sin ruido. No se trata de velocidad, ni de rendimiento, ni siquiera de la idea de esforzarse. Se trata más bien de la forma en que se mueve el cuerpo, de la continuidad de los gestos, de esa sensación de deslizamiento que a veces ocurre durante unos segundos y luego se escapa. DeepFoil nació dentro de este espacio, casi como respuesta a algo que ya existe pero que hasta ahora era difícil de retener.

Proviene de Bretaña y trae consigo una imagen sencilla: la de un movimiento que se alarga, se relaja, se vuelve más fluido. No hay nada invasivo, ninguna tecnología que se imponga. El objeto sigue siendo esencial y deja que el cuerpo haga todo, acompañado de una forma que amplifica lo que ya sabemos hacer en el agua.

Detrás están Émilia Perdigon y Paul François, junto con la empresa Nereïs Ocean, pero la sensación es la de una intuición que va tomando forma lentamente, casi por sustracción, hasta convertirse en algo concreto que realmente se puede utilizar.

Inspiración de las ballenas para restaurar una continuidad más natural en la natación

La idea parte de la observación de los animales marinos, de esa forma de moverse que siempre parece estar en equilibrio con el agua. Las ballenas, en particular, ofrecen una imagen poderosa: sin interrupciones, sin esfuerzo visible, sólo una trayectoria continua.

DeepFoil traduce esta intuición en un ala hidrodinámica que se integra con el cuerpo. Cuando pateas, el movimiento cambia de calidad. Se alarga, se vuelve más voluminosa, más uniforme. La sensación que se desprende es la de un deslizamiento acompañante, sin tirones.

Todo sigue siendo muy sencillo. No es necesario aprender nuevos gestos ni técnicas complejas. El objeto sigue al cuerpo y lo sostiene, creando una relación inmediata incluso para aquellos con poca experiencia. La flotabilidad ayuda a que todo sea más estable y tranquilizador, y esto también abre la experiencia a quienes entran al agua con menos confianza, incluidos los más pequeños.

Del lago Serre-Ponçon a un objeto concreto

La historia se desarrolla lejos del mar, alrededor del lago Serre-Ponçon, donde la idea de explorar un pueblo sumergido despierta una primera intuición. Al principio el proyecto sigue un camino más complejo, con un pequeño submarino diseñado para moverse bajo la superficie. Con el tiempo, emerge otra dirección más esencial. El proyecto se vuelve más liviano, suelta lo que lo pesa y se centra en un solo elemento. El ala permanece, todo lo demás desaparece. De esta elección nació DeepFoil en la forma que conocemos.

Los primeros ejemplos cobran vida mediante impresión 3D, en un garaje, uno a la vez. Cada pieza requiere tiempo, atención, ajustes continuos. Luego viene la petición, y con ella la necesidad de cambiar de ritmo. La producción se traslada a Vendée, entra en una dimensión industrial, manteniendo al mismo tiempo una identidad muy reconocible.

Incluso los materiales dicen algo. La versión estándar utiliza plástico HIPS reciclable, con colores diseñados para permanecer visibles en el agua. Paralelamente, toma forma una versión en madera, realizada en La Trinité-sur-Mer, que aporta una presencia diferente, más cálida, casi táctil.

El precio se mantiene en un rango accesible, alrededor de los 95 euros para la versión de plástico, mientras que la de madera alcanza los 245 euros. Las primeras ventas superan el centenar de unidades y acompañan un paso importante: la esperada llegada también a las tiendas Decathlon, lo que se abre a una distribución más amplia. Mientras tanto, Nereïs Ocean sigue trabajando en el proyecto, con la idea de desarrollar nuevas evoluciones sin perder esa sencillez que representa el corazón del objeto.